La tradición del Día de Difuntos no acaba en la visita al cementerio. Para muchos, la fecha es sinónimo de encuentro familiar con postre dulce. Y para la ocasión se eligen los buñuelos de viento y los huesos de santo, dos pasteles que el resto del año no se comercializan en la mayoría de los establecimientos. La veterana confitería Camilo de Blas agotó ayer sus reservas de buñuelos; en el establecimiento de Jovellanos la cola llegaba hasta la calle.
«Ha sido terrible la cantidad de gente que ha venido desde primera hora, ha superado todas las previsiones», explicaba su propietario, José Juan de Blas. La tienda reabrió su sede principal el mes pasado, tras dos años de reforma y el Día de Todos los Santos es una de las fechas fuertes para el negocio. «Lo que más vendemos son teresitas, huesos de santo y buñuelos, pero también hay gente que lleva pasteles o bollería», explicaba De Blas.
En su confitería sólo elaboran los huesos y los buñuelos para venderlos el día 1, pero como ayer fue tanta la demanda, piensan «hacer buñuelos para el fin de semana, para que todo el mundo los pueda probar, porque muchos vinieron y ya no quedaban». Sus sabores son los tradicionales: huesos de yema y buñuelos de crema. «Hay quien hace variaciones o sabores, pero nosotros creemos que en estas cosas hay que hacer lo de siempre», dijo.