El vuelo inaugural de la compañía Air Berlín en Asturias (BER-1188), procedente de Palma de Mallorca y que tenía previsto aterrizar ayer a las 11.35 horas, no pudo tomar tierra debido a la niebla -sólo hizo una aproximación- y fue desviado a Santiago de Compostela. La directora general de Turismo, Elisa Llaneza, que había acudido al aeropuerto para recibir a los primeros viajeros de Air Berlín con una serie de obsequios, sidra y bailes regionales, no pudo disimular su decepción y aseguró que «no podemos controlar la naturaleza», al referirse al banco de niebla que había frustrado el aterrizaje del aparato.
Fue el único avión que no pudo aterrizar. Unas horas antes, un aparato de la aerolínea Spanair lo consiguió al segundo intento, en una jornada que no presentó especiales problemas de visibilidad. El desconcierto con este caso alcanzó, incluso, a los responsables del aeropuerto, pues aseguraron que la terminal «funcionó normalmente toda la mañana. Cada compañía establece unos criterios mínimos de visibilidad para aterrizar y, en esta ocasión, habría que preguntar a la aerolínea lo que ocurrió».
Lo cierto es que en esta ocasión no tuvo nada que ver el ILS (Instrumental Landing System), ya que las operaciones se efectuaron en la pista 11 -la que da al acantilado de la playa de los Quebrantos- que no cuenta con este sistema. «Cuando hay un problema de niebla no entra ningún vuelo, como ocurrió días atrás. No es el caso de hoy. Lo que nos preocupa es que la compañía no ofrezca información a los viajeros», aseguraron fuentes del aeropuerto.
Entre tanto, el enfado de usuarios y familiares de viajeros iba en aumento frente al recién estrenado mostrador de información de Air Berlín. La queja era unánime: la total falta de información sobre lo que estaba ocurriendo. Además, el hecho de que otros aviones estuvieran aterrizando con normalidad no ayudaba a calmar los ánimos.
Teléfonos móviles
Lo único que se sabía era lo que contaban los pasajeros a sus familiares desde Santiago, a través del teléfono móvil. El pasaje llegó a protagonizar un conato de rebelión a bordo, porque no les dejaban desembarcar y les aseguraban que volvían a Mallorca. En algunas de las llamadas incluso se podía escuchar el gran alboroto de fondo que se había formado en la aeronave. Al final, los pasajeros que tenían Asturias como destino pudieron tomar, cerca de las cuatro de la tarde, un autobús, mientras que los directivos de Air Berlín y miembros de la prensa mallorquina incluidos en el viaje inaugural regresaron a la isla.
El caso más llamativo era el de una niña de ocho años que viajaba sola en el aparato. Su madre, Silvia Puertas, la esperaba en el aeropuerto asturiano, pero nadie le daba información alguna. Sólo sabía que su hija estaba bien porque había podido hablar con ella gracias a los teléfonos móviles de otros pasajeros. La mayor confusión se produjo cuando dos empleadas de Air Berlín la informaron, al unísono de que la niña volvía desde Santiago hasta Palma de Mallorca, en un caso, y, en otro, que estaba a bordo del autobús que estaba trasladando al pasaje desde la ciudad gallega hasta el Principado. Tras muchas llamadas de teléfono llegó la solución y la tranquilidad: la pequeña volvía a la isla, donde la estaba esperando su padre.
Por su parte, los viajeros con destino a Palma (el viaje de vuelta del vuelo inaugural, tenían otros problemas: pérdidas de enlaces con otros vuelos eran el más común. Hacia las dos de la tarde fue cuando la aerolínea ofreció la primera información fiable a sus clientes, dos horas y media después del fallido aterrizaje. Se enviaría un avión vacío a Asturias que llegaría a las 16.15 horas, para embarcar a los pasajeros que se habían quedado en tierra, para salir hacia la isla a las 16.45 horas. Ese era el fin del primer capítulo de un día en que todo fue una odisea para los pasajeros de Air Berlín. Y todavía faltaba que llegaran al Principado los ocupantes del primer vuelo desviado a Santiago de Compostela. Lo harían pasadas las seis y media de la tarde.