El psicólogo y pedagogo ovetense Valentín Martínez-Otero analizó ayer en el Ateneo Jovellanos las causas que han llevado a un aumento de la violencia en las aulas. Una situación que, sin ser aún «alarmante», requiere que se pongan en marcha una serie de medidas para prevenir de este tipo de actitudes, aseguró.
-¿La violencia en los colegios es un fenómeno nuevo o ha existido siempre, pero ahora se le da más importancia?
-Siempre ha habido violencia escolar, pero ahora hay más sensibilidad hacia esta y otras modalidades de violencia. Sin embargo, algunos observatorios constatan un aumento del maltrato entre los alumnos y también de la indisciplina y la violencia de los alumnos hacia los profesores.
-¿Aumentan los casos de forma alarmante? ¿O no son excesivos?
-La violencia siempre es excesiva. Es posible que en algún caso se puede haber generado cierto sensacionalismo mediático, pero hay centros en los que se constatan altas dosis de violencia.
-¿Influyen los cambios que se han producido en el modelo familiar en el aumento de esta violencia?
-Sí, desde luego. Asistimos a una desestructuración de la familia y a nuevos modelos familiares. Hay muchas más familias monoparentales, con un solo progenitor que, además, debe trabajar. Esto supone que muchos niños están desatendidos, pasan demasiado tiempo solos y carecen de un referente y una educación sólida en el ámbito familiar, lo que les lleva a situaciones de soledad y a depender mucho del grupo de iguales en la calle. Los esquemas propios de las bandas, otro fenómeno muy preocupante, se repiten y se extienden por las aulas.
-Y, de la misma forma, cuando un niño se comporta de forma violenta en las aulas ¿está repitiendo un comportamiento vivido en el hogar?
-No son todos los casos, pero hay niños que manifiestan en la escuela lo que ven en su casa. Esa ley del más fuerte la imitan y la manifiestan cuando tienen ocasión. De ahí la importancia del trabajo conjunto entre padres y profesores para erradicarlo.
-Además de la familia, ¿qué otros factores influyen en el aumento de la indisciplina y el acoso?
-Hay un uso indebido de las tecnologías, la televisión o los videojuegos que, en muchos casos, tienen un alto contenido de violencia. Esto ejerce una influencia muy negativa, que es mayor en los casos en los que los alumnos ya tienen cierta predisposición a la agresividad como vía para resolver sus problemas. Son una serie de causas, sociales, ambientales, familiares, las que están favoreciendo estos procesos. Además, hay que tener en cuenta que las aulas cada vez son más multiculturales, lo cual en sí mismo no es negativo, pero si no se canalizada adecuadamente puede ser caótico. Si hay muchos alumnos inmigrantes en las clases y no se encuentra una fórmula para garantizar su inclusión plena, se favorecen procesos de discordia.
-¿En los que los alumnos inmigrantes son acosados o acosadores?
-Hay un poco de todo. Se sabe que los alumnos inmigrantes están más expuestos a factores de exclusión. La multiculturalidad exige medios económicos y profesorado preparado para atender la nueva realidad de las aulas.
-¿No se han adaptado aún los profesores?
-El profesorado es un colectivo muy heterogéneo. En general, tiene una actitud muy positiva hacia los cambios que se están dando, pero no siempre cuentan con el apoyo necesario, tanto en el plano económico como en el del reconocimiento social de su trabajo.
-El Principado ha anunciado que elaborará un decreto para reducir la indisciplina en las aulas. ¿Se necesita realmente esta medida? ¿Qué debería contener?
- La autoridad, no el autoritarismo, es necesaria y en algunos centros se ha perdido. Se debe dar una respuesta coordinada por parte de distintos agentes. Desde una perspectiva pedagógica, hay que impulsar todo lo que tiene que ver con el desarrollo personal y social, que se adviertan las medidas en los reglamentos de régimen interno de los centros, que el profesorado se sienta respaldado por la Administración y que cuenten con el apoyo de los padres. También se requieren orientadores y, en determinados casos, mediadores. Además, hay analizar los casos concretos para ver cuáles son sus peculiaridades.
-¿Son suficientes los castigos que se imponen a los alumnos por agredir a otros compañeros o a un profesor?
-El alumno debe ser responsable de sus actos y si proceden sanciones habrá que aplicarlas. Pero creo que el planteamiento más oportuno no es el punitivo sino el que se basa en una disciplina del desarrollo personal y social, desde unas normas razonables y razonadas en las que participen los propios alumnos, para que no las vean como una imposición.