La página de la cadena musical MTV dice que montó el grupo como vía de escape a un rock and roll demasiado definido en Platero y tú. Ocho años más tarde, la salida ha sido tan exitosa que ya le ata a los cien conciertos y que le llevarán a recorrer Sudamérica en 2008. La «gira soñada» de Fito y los Fitipaldis arrancó ayer en la carpa del Carlos Tartiere de Oviedo ante 13.000 personas, que desde luego, no estaban allí de paso sino para animar el estreno.
Con los motores calentados por los teloneros, Zodiacs, y rondando las diez de la noche, el único cantante con un mirador y un queso que en Asturias llevan su nombre, aunque tan sólo sea fruto de la casualidad, Fito Cabrales, salió al escenario fiel a su estilo. Poco tiempo libre dejó para fijar la atención en su habitual gorra, sus pantalones vaqueros y su camiseta oscura antes de marcarse más de veinticinco canciones con su banda.
Para refrescar la memoria a aquellos que hacía tiempo que no le veían en directo, cantó primero 'El buen castigo', de su tercer álbum, 'Lo más lejos a tu lado' , y dio paso a aquellos que llena ahora las listas de ventas. El segundo tema, 'Que viene y va', del último cedé 'Por la boca muere el pez' precedió a un «Buena noches, Oviedo», que se llevó los primeros aplausos.
Con pocas palabras, sólo perdió tiempo entre uno y otro tema para dar varios «gracias» y compartir los cumplidos con sus músicos. Las más de dos horas de concierto las ocupó en arreglar r algún ligero problema técnico y hacer sonar 'Por la boca vive el pez', 'Sobre una luz', 'No soy Bo Diddley', que entrelazó como quien no quiere la cosa con temas arreglados de sus de sus anteriores discos.. No faltó el rock and roll ni el blues, ni el swing ni los homenajes. Los guiños llegaron con a Barricada, Los Secretos y Extremoduro llegaron con clásicos como 'Quiero beber hasta perder el control y 'Deltoya' .
Pero no todo lo puso Fito ni su banda ni sus pantallas de televisión a ambos lados en el concierto. Cientos de personas aguardaban desde primera fila a primera hora de la tarde. Entre botellón y botellón, se hizo hueco la gente venida de fuera de toda Asturias y de Madrid, Bilbao, Cantabria y León. Con la apertura de puertas, los más tempraneros se hicieron con las primeras filas de una carpa que se quedó pequeña y que llegó a vibrar con los 70.000 vatios de sonido. Y como dato curioso, quien quisiera una bebida que no fueran al bar directamente. Primero se compran unos tíckets, después a atravesar la carpa y hacerse con una cerveza o un calimocho con 'tx', como se escribe en Bilbao, la tierra de Fito.