-¿Un activo político como usted nunca tuvo aspiraciones de llegar a alcaldable?
-Quite para allá... Aquí siempre hemos tenido grandes alcaldes.
-¿Qué destacaría de los dos con los que ha compartido equipo de gobierno en estos años?
-Yo me sentí igual de cómodo trabajando con ambos. Con Tini estuve tres mandatos y con Paz llevo dos y aunque cada uno tiene su perfil profesional el proyecto político que defienden es el mismo. Gracias a esa continuidad Gijón ha mejorado mucho en estos últimos 20 años, que han sido decisivos no sólo en lo urbanístico.
-Hablemos de su gestión. ¿Cuál es el logro de su departamento del que se siente más orgulloso?
-Creo que el logro esencial ha sido la democratización urbanística que supone la ciudad policéntrica y articulada que tenemos en la actualidad. Ya han quedado atrás los tiempos en que los vecinos de Pumarín, La Calzada o El Coto tenían que 'bajar' hasta el centro. Se ha completado con éxito la conversión de los barrios dormitorio de los años 60 y 70 en zonas residenciales con equipamientos, alternativas y servicios básicos para la población del entorno. También estoy muy satisfecho de actuaciones como la de Cimadevilla, donde vivo desde 1978, por lo que supone de mantenimiento y recuperación de elementos que dan identidad a la ciudad.
-¿Se arrepiente de aquello del 'serruchazo'?
-Ese fue un tema que lanzamos Rañada y yo como debate provocativo en la revisión del PGOU. Estaba pensado para dos edificios que hay en la plaza del Marqués, pero nunca se planteó para el Muro. Como polémica tuvo su gracia. Por los comentarios que me hace la gente veo que aún sigue vivo en la imaginería popular.
-Hablando del Muro, por fin hay andamios en varias fachadas.
-Esto demuestra que los procesos complicados llevan su tiempo. Arreglar Cimadevilla llevó 10 años.