Néstor Kirchner solicitó ayer en Montevideo al rey Juan Carlos que ejerza sus buenos oficios para tratar de hallar una solución al contencioso entre Argentina y Uruguay por la construcción de la fábrica finlandesa de celulosa Botnia. El monarca aceptó y Uruguay se mostró de acuerdo. El conflicto, sobre el que ya opinaron el Banco Mundial y el Mercosur, se dirime actualmente en el Tribunal de La Haya que, en primera instancia, falló a favor de Montevideo.
El anuncio de la decisión del Rey fue hecho público por el secretario de Estado de Comunicación Fernando Moraleda, y por la de Iberoamérica, Trinidad Jiménez. Ésta insistió en diferenciar «mediador» y «facilitador», aunque este término después fue sustituido por la expresión más ajustada de «ejercer buenos oficios».
Jiménez dijo que mediar significa «tomar parte y presentar una propuesta y no es eso». Confirmo que fue Kirchner «el que propuso directamente al Rey» que asuma el compromiso para lograr que «ambos países amigos alcancen un acuerdo satisfactorio. Se trata de ayudar para que, mediante el diálogo, se llegue a una solución».
Fuentes de la Casa del Rey indicaron que, ante la petición del presidente argentino, don Juan Carlos expresó su disposición a actuar y hablar con el Gobierno de Tabaré Vázquez. Luego comunicó su disponibilidad al Ejecutivo español y el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se lo comentó a su colega Uruguay, Reinaldo Gargano, quien se mostró de acuerdo.
Es la primera vez que, de manera pública se anuncia una actuación de este tipo por parte del Rey. Las fuentes consultadas, además de señalar que el monarca no tomará partido, indicaron que no se compromete a tener éxito, sino sólo a intentar que los dos países se sienten a hablar Cuando se hizo el anuncio, Kirchner, que llegó el último a esta convocatoria, ya estaba de regreso en Buenos Aires tras pasar menos de 24 horas en Montevideo.
Hace más de un año
La 'guerra de las papeleras' arrancó hace más de un año con los proyectos de construcción de dos fábricas de celulosa en Fray Bentos, localidad en la margen uruguaya del río Uruguay. Una de ellas, la española Ence -que en Asturias tiene la papelera de Navia-, decidió trasladar el proyecto al interior del país presionada por el Gobierno argentino y amedrentada por los sucesivos cortes de carreteras y manifestaciones populares que argumentaban peligro de contaminación para su construcción. En su caso, apenas había tenido tiempo para allanar el terreno sobre el que se iba a levantar la instalación que ahora busca nuevo emplazamiento.
La segunda, cuyas obras están avanzadas, es la finlandesa Botnia. El Tribunal de La Haya, al que había recurrido Argentina rechazó, en primera instancia, el requerimiento del Gobierno de Kirchner para que se paralizara la construcción. El segundo revés para Buenos Aires se lo dio el Banco Mundial, que desestimó el argumento que asegura que la planta representa un peligro y conlleva implícito un nivel peligroso de contaminación. Uruguay por su parte, recurrió al arbitraje del Mercosur (los dos son miembros) para que aplicara sanciones económicas a los argentinos por tolerar -cuando no fomentar- los cortes de los puentes que unen ambos países. Mercosur falló contra Montevideo.
El problema adquirió dimensiones de Estado a un lado y otro del río hace un año. La convocatoria de esta XVI edición de la Cumbre Iberoamericana, parecía una buena ocasión para limar asperezas pero lo cierto es que, en su lugar, el malestar ha ido en aumento.
Pago de deuda
En otro momento de la cumbre, Rodríguez Zapatero acordó con Kirchner buscar un mecanismo de pago de la deuda que Argentina tiene contraída con España -de casi mil millones de las antiguas pesetas-, para saldarla antes del año 2012. En la reunión que mantuvieron por la mañana ambos presidentes, Zapatero no le pidió explicaciones a Kirchner sobre las razones que impiden que entren en vigor los contratos, renegociados y firmados, de Endesa y Gas Natural, para que se actualicen sus tarifas, congeladas desde enero del 2001.
«Se ha tratado [el tema] pero no ha habido ninguna petición concreta. Simplemente se ha hecho un repaso a la situación de las empresas». Trinidad Jiménez, confirmó de este modo que Zapatero no le había exigido a Kirchner que cumpliera su palabra, dada en España en su última visita de este verano, de resolver un problema que se arrastra desde hace cinco años y que, sobre el papel y con la ley, está solucionado.
El 'asunto pendiente' que sí trataron a fondo los mandatarios fue el del pago de los 755 millones de euros que España prestó a Argentina en el 2001. «Antes del 1 de diciembre de 2012 estará firmado un acuerdo de cancelación de la totalidad de la deuda que sea compatible con los compromisos que todos los países tenemos con los organismos internacionales». El anunció de Jiménez no incluyó «plazos y condiciones» que quedarán reflejados, según explicó, en el convenio futuro.
Fuentes argentinas confiaron que su propósito es lograr «cinco años de gracia» y «renegociar a doce» el crédito.