El último sondeo conocido mantiene a Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN) en cabeza de las preferencias de voto para las elecciones presidenciales de Nicaragua, que se celebran hoy. Sin embargo, el sondeo encargado a Greenberg Quinlan Rosner por el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) y hecho público por la agencia Efe rebaja a un 30% el apoyo a Ortega y reduce a sólo tres puntos su ventaja sobre Eduardo Montealegre, candidato de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN).
Pero en pocos países las encuestas son menos fiables que en Nicaragua, y así se ha demostrado elección tras elección. Aparte de que uno de cada cuatro ciudadanos aún no tiene decidido su voto, los sondeos apenas recogen la opinión del electorado rural, donde existe una fuerte implantación liberal.
A simple vista, las diferencias entre el campo y la capital no son notables. Managua, de un intenso verde tropical, asemeja un continuo extrarradio junto a una laguna contaminada. La geografía de la pobreza, salpicada por un par de lujosos centros comerciales. Aquí, las calles no tienen nombre. Las direcciones responden a coordenadas como donde fue el molino La Sabana, dos andenes (callejuelas) al lago, una cuadra y media arriba, en la casa de la verja negra o donde fue la balacera, dos cuadras al norte, 25 varas al sur.
En el hipotético centro de Managua hay un parque, el monumento a Rubén Darío, las ruinas de la catedral (destruida por el terremoto de 1972), la Asamblea y un monumento al obrero-campesino revolucionario: una enorme y horrenda estatua, construida en la fase final del régimen sandinista, que representa a un trabajador que sostiene un pico en una mano y un fusil AK-47 en la otra.
3,5 millones de votantes
Casi tres millones y medio de nicaragüenses tienen derecho a participar en estos comicios, cuya limpieza será vigilada por más de mil observadores internacionales. En el país centroamericano hay delegaciones de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Fundación Carter, el Parlamento Europeo, el Senado español e, incluso, de una asociación de cincuenta municipios catalanes hermanados con poblaciones nicaragüenses. Además de presidente y vicepresidente, los ciudadanos elegirán los noventa diputados de la Asamblea Nacional Legislativa y veinte diputados al Parlamento Centroamericano.
Para evitar la segunda vuelta, el ganador debe superar el 40% de los votos o alcanzar el 35% con una diferencia de al menos cinco puntos sobre el segundo. Ortega, que siempre gana en las encuestas pero pierde en las urnas, difícilmente superaría una segunda ronda: según un estudio de CID-Gallup, el 42% del electorado jamás votará por el sandinista, hoy reconvertido en un civil cada día más morigerado que le ha llevado a firmar la paz con el cardenal Miguel Ovando y Bravo y a apoyar la penalización del aborto terapéutico, poniendo fin a más de un siglo de tolerancia legal a esta práctica.