Laminar, moldear, dejar secar, hornear y pintar. Como si se tratara de una receta de cocina, el ceramista Pachu Muñiz trabaja desde hace doce días en su taller del barrio gijonés de Tremañes (Carrió Arte y Cerámica) en cada uno de los ingredientes de los seis paneles diseñados por el dibujante Antonio Mingote para adornar la Ruta Histórica del Puerto en el paseo de la Grúa, en Ribadesella.
«Cuando un representante del Ayuntamiento me propuso este encargo nunca pensé que se iba a tratar de un proyecto tan importante», comenta Muñiz mientras aprovecha para ir cortando el primer panel. «Hay que dividirlo en trozos porque no hay un horno tan grande donde quepa algo de esta envergadura. No podemos esperar mucho tiempo para hacerlo porque, si no, el gres se seca y es muy difícil cortarlo», comenta.
Ayudado por otras dos ceramistas de su taller, Cecilia Romero y Liliana Fernández, Muñiz ha empezado la tarea por el mosaico que representa la Guerra de la Independencia, un enorme panel que, como los otros, medirá cuatro metros de largo por 1,5 de alto. Cuando lo acabe, deberá enfrentarse al resto de la obra que contará el pasado y el presente de Ribadesella desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna, pasando por la Edad Media, el Renacimiento y la emigración del siglo XIX.
Su preferido
«Este último es el dibujo que más me gusta porque no está dividido en diversas escenas, sino que se trata de una escena única. Aquí se ve a todo tipo de gente: un marinero, al cronista, a unos niños a los que aparentemente les parece indiferente que otros se tengan que marchar, a otras personas esperando...», dice observando un boceto.
En la actualidad, Pachu Muñiz ya tiene modelado el primer panel, hecho a base de gres. Para ello, ha tenido antes que preparar este material en una plancha a tamaño natural y trasladar la obra de Mingote a modo de 'calco'. «Esto es quizás lo más complicado de todo el proceso porque de un dibujo bastante pequeño tenemos que sacar algo muy grande, a veces es muy complicado interpretar lo que el dibujante ha querido pintar en unos y otros detalles», asegura. De hecho, el pasado jueves Mingote visitó su taller para intercambiar algunas opiniones -«de momento parece que se marchó muy contento con el resultado», señala-, algo que deberán hacer en más ocasiones aunque desde la distancia.
Para la Guerra de la Independencia, el ceramista finalizó recientemente un modelado en el que ha introducido más o menos relieves en algunos detalles según su propio gusto profesional. Ahora, tras el 'calco' y el modelado, dejará secar cada uno de los trozos que ha ido cortando del panel asegurándose de que antes de que éstos vayan al horno no tienen fisuras que puedan derivar en la rotura de la pieza.
En este caso, cocerá los trozos de cerámica a una temperatura de 1.080 grados y, una vez obtenido el que él denomina «el bizcocho», todos ellos se esmaltarán de color blanco. A continuación, pasará a darles color. «La mayoría serán azules y ocres, y el fondo del mural en blanco imitando una gran hoja de papel», recuerda.
El paso último será volver a cocer las piezas ya pintadas a 890 grados y, una vez fríos, el primer mosaico quedará listo para ser colocado en el paseo de la Grúa. «Estos materiales aguantan mucho, como mínimo cien años en condiciones normales. Aguantan lo que aguantaría cualquier elemento así en una casa».
Las dos firmas
Pachu Muñiz es consciente de que junto a la firma de Antonio Mingote aparecerá la de su taller, Carrió Arte y Cerámica, lo que considera todo un privilegio. «Esta es una oportunidad única, en Asturias no creo que se haya hecho nada con una repercusión tan grande», valoró. Para él «Antonio Mingote tiene un alcance nacional muy grande y es posiblemente el mejor humorista gráfico que ha tenido España en los últimos 50 años. Por eso creo que esta obra en su momento va tener un valor patrimonial e histórico único».
La creación del paseo de la Grúa aspira a convertirse en el próximo icono de Ribadesella, un reclamo turístico que Muñiz compara con 'Los cubos de la memoria', pintados por el artista vasco Agustín Ibarrola en el puerto de Llanes, aunque con el añadido de las «maldades» de Mingote.
«Tiene detalles que son geniales. Seguro que hasta la princesa Letizia se ríe cuando vea que le ha cortado la cabeza a Don Felipe -por su altura- o cuando millones de personas observen al 'precursor', un hombre prehistórico al que ya se le ve bajando el Sella».