Ni la instrucción de los atentados del 11-M en el juzgado número 6 de la Audiencia Nacional ni la del 'caso Pipol' en la Sección Octava de la Audiencia Provincial, en Gijón, han conseguido aún aclarar en qué fecha se conocieron José Emilio Suárez Trashorras y el marroquí Rafá Zouhier. El dato es importante porque los investigadores consideran al joven magrebí, que fue confidente de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, el intermediario de la venta de explosivos entre el ex minero avilesino y los autores de la masacre en Madrid.
Hasta ahora, siempre se había barajado la idea de que Trashorras conoció a Zouhier en los locutorios de la prisión de Villabona. Allí acudía cada cierto tiempo para visitar a su cuñado Antonio Toro Castro, en prisión entre el 25 de julio de 2001, en que fue detenido en la 'operación Pipol', y diciembre de ese mismo año, cuando quedó en libertad. Zouhier cumplía entonces condena por un robo con violencia perpetrado en una joyería de Parque Principado. Había ingresado en Villabona el 18 de setiembre de 2001 y allí permaneció recluido hasta febrero de 2002. Siempre se ha dado por hecho que en ese tiempo Toro y Zouhier entablaron una amistad que, finalmente, les hizo cerrar varios negocios ilícitos, entre ellos el de la venta de explosivos. Sin embargo, en la vista oral del 'caso Pipol' Trashorras aseguró que conoció a Zouhier en 2003 y que nunca antes se había fijado en si estaba o no en Villabona porque «menuda importancia le iba a dar yo a un morito en un locutorio».
Ahora es Francisco Javier Lavandera Villazón, el ex testigo protegido del 11-M, quien asegura que vio a Zouhier con Trashorras en el club Horóscopo a finales de julio de 2001. De hecho, asegura haberle identificado entre las decenas de fotografías que le fueron mostradas en la Audiencia Nacional por el juez Juan del Olmo en presencia de la fiscal Olga Sánchez. Ambos, Zouhier y Lavandera, prestarán declaración ante el presidente de la Sección Octava de la Audiencia Provincial, Bernardo Donapetry, el próximo miércoles y su testimonio servirá para arrojar más luz sobre la relación del ex minero y el marroquí.
Una amistad que se pierde en cuanto son detenidos por su presunta implicación en el 11-M, como lo demuestran los resultados de los careos a los que fueron enfrentados. En uno de ellos, Zouhier llegó a asegurar que Trashorras buscaba a alguien para matar a Lavandera por chivato, afirmación que el ex minero siempre ha negado. También aseguró Zouhier que en setiembre de 2003 le fue entregada una muestra de explosivo que, precisamente, le estalló entre las manos al manipularlo. Trashorras también se desvincula de este suceso.