El diseño de la villa está muy adelantado, al igual que el proyecto museográfico, pero los arqueólogos continúan teniendo muchas incognitas sobre los personajes que habitaron aquel entorno a lo largo de los siglos. El siguiente paso, sobre el que se trabaja desde hace años, es construir lo que se podría denominar un 'retrato robot' del vecino de Veranes. Para ello, es fundamental el trabajo realizado en las necrópolis, las excavaciones en las tumbas, de las que ya han salido restos de más de mil individuos. Lo habitual, además, es localizar restos de más de un cuerpo en cada tumba. ¿Qué se pretende con todo ello? Del análisis de los restos humanos se sacarán, en el futuro, conclusiones tan importantes como la estatura, edad, formas de vida de aquellas gentes, su trabajo, su alimentación, las enfermedades que les afectaban, los motivos de su muerte y un largo etcétera de gran valor para ubicar en su justa medida la importancia del yacimiento.
Bajada en 'zig-zag'
Con tener controlados muchos restos humanos, la idea de los arqueólogos es que existen más cementerios aún bajo tierra en la zona y se seguirá trabajando en un futuro, aunque el yacimiento sea abierto a las visitas, para enriquecer al máximo sus contenidos.
Buena parte de los restos localizados en las excavaciones serán expuestos en el edificio central que ha sido construido en la parte superior del yacimiento y que ha sido concebido en cuatro partes perfectamente diferenciadas. En su interior tiene un porche de entrada para los visitantes, un control para la recepción e información, una sala de conferencias y exposiciones, aseos y una zona de espera. Sólo la sala multiusos tiene 110 metros cuadrados. Además, dentro de los casi 500 metros cuadrados construidos, también habrá espacios para los servicios generales del museo, con zonas para catalogación y exposición, y despachos. En su parte exterior dispone de aparcamiento para quince vehículos y tres autocares.
Desde el edificio, una vez mostrados a los visitantes los elementos básicos del yacimiento, se bajará a la zona de las ruinas por unos pasillos creados en forma de 'zig-zag' para ofrecer diferentes perspectivas, hasta adentrarse en las zonas excavadas.
Este yacimiento de Veranes, declarado Bien de Interés Cultural hace más de veinte años, el 13 de diciembre de 1985, estuvo casi abandonado durante lustros. Los mayores esfuerzos económicos se realizaban en la Campa de Torres y en el entorno de Cimadevilla. De hecho, la excavación no fue vallada hasta el año 2004. Hasta entonces, ese entorno de gran valor arqueológico estaba totalmente abierto y sólo había que saltar un pequeño matorral para acceder a las ruinas y llevarse, si era menester, lo que a cada cual le viniera en gana.
Aún así, desde hace casi nueve años, el equipo de Carmen Fernández Ochoa trabaja en aquel entorno que ahora se ha destapado como la villa rural romana mayor del norte de España. Los daños ocasionados por el abandono parece que no serán irreversibles y, finalmente, en unos meses, quizás para la próxima primavera, las ruinas serán visitables.