Lunes, 6 de noviembre de 2006
Registro Hemeroteca

en

GIJÓN

OBITUARIO
Y ahora, ¿dónde te localizo, Benito Otero?
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Desde que te conocí Benito Otero has estado en letras grandes en mi cabeza, en mis pensamientos, en la agenda de casa y en mi móvil. Has formado parte de mi vida, como un recurso latente al que nunca quería recurrir. Nos conocimos en los peores momentos de mi vida, en la agonía más grande que una madre puede tener por su hijo cuando está enfermo. Y ahí estabas Otero, en tu consultorio, rodeado de papeles, con muchos dibujos y cartas de niños a tus espaldas. Cuánto cariño se respiraba en esas paredes. Recuerdo tu sonrisa tranquilizadora cuando nos recibiste, tu mirada fija y despistada a la vez, tu entrañable aspecto y tu forma de hablar como si no pasara nada. Pero pasó.

De los cuatro años que tuvimos contacto, un año había sido tan intenso, que no sé si llegué a cansarte con mis preguntas, mis llamadas, los informes que te llevaba, las estadísticas que hacía sobre mi pequeño, en fin mi obsesión, mi locura, mi dolor. Pero siempre, siempre me atendiste con cariño, me dedicaste todo el tiempo que necesitaba, te compadeciste de mi dolor, de la situación de mi hijo y hasta me abrazaste con ternura cuando ya no podía más.

Hablar por teléfono o vernos en la consulta era para mí como una clase, llevaba todas mis dudas apuntadas con perturbación, preguntas y más preguntas, te llevaba papeles que metías en un expediente tan gordo, que resultaba hasta incómodo. Mientras, me preguntabas muy meticulosamente, con esa forma tan típica que tenías de meterte hasta la esquina más recóndita, y escribías con letra pequeña todo lo que te contaba. En tus informes ya no cabían espacios en blanco. Me volvías a preguntar. Si estaba él, mi pequeño, le preguntabas de otra manera, como si fuera otro niño el que hablara con él. Apuntabas, apuntabas muy concentrado, aunque algunas veces un tremendo despiste generalizado te desconectaba hacía no sé dónde.

Me acuerdo el día que tachaste enérgicamente del expediente de mi pequeño un diagnóstico equivocado por años. Fue un día mágico. Dijiste : «Esto fuera de aquí para siempre, lo que tiene son simples migrañas infantiles, hemos estado confundidos» y el remedio que me diste fue tan angelical, tan sublime y candoroso, que no pensé que fuera cierto: «Chúcate a su lado, a oscuras, acarícialo, y dale muchos miminos hasta que se duerma y despertará como nuevo y tú si quieres también duérmete con él». Mientras me lo explicabas, imitabas cómo hacerlo y me recordabas tu propia migraña, la última que habías tenido. No podría creer que todo nuestro debacle terminara en algo tan simple. Nos felicitaste, nos abrazamos y nuestro pequeño salió riéndose como si nada después de darte un beso. Para variar, salí llorando de la consulta, pero esa vez de felicidad.

Hace cuatro meses hablamos por última vez .Ya era una costumbre ponerte al día de las migrañas de mi pequeño, cada vez más escasas, y comentar los detonantes entre los dos el calor, la actividad, la falta de sueño, el cansancio o algún otro cambio. Llamarte era tranquilizante, balsámico y me refortalecía frente a mi hijo. Eras mi propia receta contra el miedo. Quedé contigo en hacer una cita a finales de noviembre para vernos, pues hacía más de un año que no nos veías las caras por tu consulta sobre todo quería que vieras cómo estaba nuestro hijo de grande, de precioso, creciendo sano y feliz.

Nuestro caso es uno de tantos. A su familia. Nuestro agradecimiento y reconocimiento al doctor Benito Otero por comportarse siempre como un gran ser humano, comprometido con el dolor y el sufrimiento de sus pacientes y sus familias, y por el compromiso con su profesión.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo


© EL COMERCIO DIGITAL Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.