Mirta Colina es uruguaya y reside en Gijón desde hace tres años. Su marido, Moisés Pedraza, trabaja en una empresa de transportes. Es asturiano, pero emigró a Sudamérica cuando era joven. Ahora ha regresado a su tierra natal. En primer día de cada mes, «sin falta», le envían cien euros a un hijo que vive en Montevideo. «Tiene 28 años y al pobre no le da el dinero, así que siempre le mandamos esa cantidad para ayudarlo con los gastos normales que se le puedan presentar», explica Colina. Como ella, cientos de inmigrantes residentes en la ciudad envían buena parte de sus ahorros a los familiares que dejaron en su país de origen. «Es normal que los que ahora nos podemos ganar la vida de mejor forma ayudemos a los que no tienen tantos recursos», explica la uruguaya.
Mustafá Dorv Claudiv y Vaduva Maria Larisa son rumanos y llegaron a tierras asturianas hace aproximadamente diez meses. Él encontró trabajo en una floristería y ella se quedó embarazada. Es su primer hijo. Los ingresos que le proporciona el trabajo posibilitan que esta joven pareja pueda enviar con asiduidad dinero a los familiares que ambos dejaron en Bucarest.
«Les mandamos cuando podemos; ahorramos y cuando tenemos sobre 500 ó 600 euros se lo enviamos para que no pasen 'escaseces', porque allí no se vive tan bien como aquí. En Rumanía casi no tienen ni para comer porque hay mucha pobreza y nosotros en España estamos mucho mejores», dice Mustafá Dorv Claudiv.
Solidaridad española
Caso a parte es el del gijonés Magín Álvarez Nieto, quien mensualmente manda importantes sumas de dinero a «dos amigas rumanas que estuvieron viviendo aquí y regresaron a su país; una tiene un hijo enfermo y yo les envío todo el dinero que puedo para que no pasen hambre y curen al niño». El hombre asegura que «llegué a transferir por Correos 3.000 euros; no tengo una cantidad fija todos los meses, les mando cuanto puedo; ahora, por ejemplo, les he enviado 200 euros para que vayan tirando», explica Álvarez Nieto.