Lunes, 6 de noviembre de 2006
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De aliado a máximo enemigo
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Sadam Hussein siempre se preció de haber nacido casi en el mismo lugar que Saladino, el kurdo que en 1187 arrebató Jerusalén a los cruzados al frente de un Ejército árabe y ha pasado a la historia como héroe del islam.

Pero Sadam ni siquiera puede preciarse de ser héroe del arabismo, pues sus sueños, que eran los del partido laico Baas, pronto se toparon con los recelos de vecinos como Hafez al-Asad o Hussein de Jordania. Así que tuvo que construir su república laica a escala iraquí, logrando éxitos innegables en ámbitos como la enseñanza obligatoria y la emancipación de la mujer, todo ello a costa de una feroz represión de toda disidencia y el apartamiento de la religión.

Además, el régimen se apoyó en las tradicionales élites suníes y marginó a la mayoría chií y a la población kurda del norte, a las que masacró.

El carácter laico del régimen hizo que Occidente le cortejara contra la naciente revolución islámica iraní, y fue con armas principalmente estadounidenses y francesas con las que Sadam se enfrentó a su vecino chií durante ocho años (1980-88). Dos después del final de la guerra, lanzó a su Ejército contra el emirato de Kuwait para convertirlo en su «provincia número 19».

Entonces comenzó el divorcio con Occidente: una coalición de varios países occidentales, apoyada por la mayoría de los árabes, desalojó en aquella Guerra del Golfo a las fuerzas iraquíes de Kuwait, pero no quiso acabar con el sátrapa. Fue derrotado pero no derrocado.

'Giro islámico'

Comenzó entonces el 'giro islámico' de Sadam, quien fue tiñendo de religiosidad sus intervenciones y acabando así con el carácter laico que un día le había servido para ganarse a Occidente. Pero era ya era tarde: los grupos islamistas internacionales le habían condenado muchos años antes de que lo hicieran las potencias occidentales y los árabes. A fines de los años 90, con la URSS desintegrada, a Sadam ya no le quedaba ningún amigo. Por eso, en 2003, cuando ya había sido designado como puntal del 'eje del mal' por EE UU, nadie, ni en el mundo árabe, quiso o pudo oponerse al derrocamiento de un hombre que se pasó los últimos años buscándose enemigos.

 
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