La Casa Blanca celebró ayer con sobriedad la condena de Sadam Hussein, con un breve discurso de George W. Bush en el aeropuerto de Waco (Texas), donde le esperaba el avión presidencial para trasladarle a Washington después de pasar el fin de semana en su rancho. «Irak tienen aún mucho trabajo por hacer para construir una sociedad justa e igualitaria que proteja a todos sus ciudadanos», matizó el mandatario. «Y aun así la historia recordará el fallo de hoy ( por ayer) como un importante logro en el camino por una sociedad libre y justa».
La prensa de la Casa Blanca explicó la brevedad del discurso -apenas dos minutos- como el resultado de otras celebraciones truncadas por la falta de cambios en el terreno. Se referían a la algarabía que ocasionó en su día el asesinato de los hijos de Sadam o la propia detención de éste, que no se tradujeron en una disminución de la violencia.
La decisión judicial se produjo dos días antes de que se celebren elecciones legislativas en EE UU, por lo que no falta quien especula que esa coincidencia ha sido forzada por Washington para favorecer a los republicanos en las urnas. El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, se apresuró a descalificar esos comentarios como «estupideces». Si se cumplen las encuestas, la oposición demócrata podría arrebatar a los conservadores en el poder la mayoría de la Cámara de Representantes y puede que hasta en el Senado.
La mayor parte de los analistas consideraba ayer que la sentencia del ex dictador iraquí no tendría mayor efecto en las urnas, aunque algunos recordaban el vuelco que dieron las encuestas a favor de Bush, una semana antes de las elecciones de 2002, cuando apareció un vídeo de Osama bin Laden.
La campaña, de fondo
Por si acaso, los candidatos de ambos partidos celebraron la noticia sin perder de vista la campaña. «Todos estamos encantados de que se haya hecho justicia», dijo Claire McCaskill, candidata demócrata al Senado por Missouri, uno de los estados más reñidos. «He sido fiscal y soy una gran defensora de la pena de muerte, por lo que estoy encantada de que Sadam se enfrente a la pena de muerte, pero el Gobierno de Irak no ha resultado ser el aliado que necesitábamos contra el terrorismo. Apoya a Hezbolá, se niega a desarmar a las milicias que matan a nuestros soldados... Ésta es una política fallida y el presidente y el senador (de Missouri) Talent están cada vez más aislados del pueblo americano por no reconocerlo».
Se unía a esta crítica, para sorpresa de muchos, el diario militar independiente 'The Army Times', que decía recoger el sentimiento de las fuerzas armadas al pedir en su editorial de hoy la dimisión del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
A miles de kilómetros de EE UU, el mundo árabe reaccionó dividido a la condena a muerte de Sadam, según informa desde Jerusalén Laura L. Caro. En Irán o Kuwait, implicados en su momento en guerras lanzadas por el ex dictador, se sucedieron las felicitaciones por la sentencia fruto de la «justicia divina». Desde Jordania o Egipto emanaron duras críticas contra lo que consideran ha sido un proceso sucio preparado para dar satisfacción a EE UU. Y entre medias, el llamativo silencio de la oficialidad palestina: ni la Autoridad Nacional de Mahmud Abbas (Abú Mazen) ni el Gobierno de Ismail Hanniya abrieron la boca para valorar el fallo, en un gesto tan alejado de la vieja admiración hacia el sátrapa, al que llegaron a considerar un héroe protector, que reunía dinero y lo enviaba a las viudas de la resistencia.
Tampoco se alzó voz alguna desde Israel, cuyo Estado expresó en 2003 su deseo de tomar parte en el proceso contra el dictador, precisamente como parte de la acusación por los ataques con misiles sufridos en 1991, así como por «la financiación de suicidas palestinos», según atribuyó en su día el entonces ministro de Defensa, Saul Mofad, al régimen de Sadam.