Lunes, 6 de noviembre de 2006
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Sadam, sentenciado a la horca
El ex dictador iraquí es hallado culpable de «crímenes contra la humanidad» por masacrar a 148 chiíes Dos de sus más estrechos colaboradores, Al-Tikriti y Al-Bandar, también son condenados a la pena capital
Sadam, sentenciado a la horca
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REACCIONES A LA PENA

UN AÑO DE PROCESO
19-10-05: comienza el juicio contra Sadam y 7 de sus colaboradores.

01-03-06: Sadam admite su responsabilidad en los sucesos de Al-Duyail, en 2002.

19-04-06: peritos confirman la autenticidad de la firma de Sadam en varios documentos relacionados con las ejecuciones de Al-Duyail.

15-05-06: el tribunal acusa formalmente a Sadam de crímenes contra la humanidad.

19-06-06: el fiscal pide la pena de muerte para el depuesto presidente y 3 de sus colaboradores.

07-07-06: Sadam inicia una huelga de hambre (la segunda) para pedir la protección de su defensa. Tres de sus abogados fueron asesinados a lo largo del proceso.

26-07-06: Sadam pide ser fusilado en lugar de ahorcado en caso de que se decrete pena de muerte.

05-11-06: el ex dictador y 2 de sus colaboradores son condenados a morir en la horca.

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«Vosotros sois la ocupación», «Alahu Akbar» (Dios es grande), «viva el pueblo», «para nosotros la vida, para los enemigos la muerte», gritaba el ex dictador iraquí, Sadam Hussein, desde el banquillo de los acusados. Pero el juez del Tribunal Especial que le ha procesado a lo largo de un año no se inmutó y acabó de leer una sentencia que condenaba a morir en la horca al ex presidente y a dos de sus más estrechos colaboradores. Sadam dará así cuenta con su vida por haber ordenado masacrar a 148 chiíes en 1982, en la población de Duyail.

Dos horas después de pronunciarse el veredicto, Irak seguía en calma, ayudado por el toque de queda impuesto en las cuatro provincias más conflictivas: Bagdad, Al-Anbar, Salahedín y Baquba, estas tres últimas vecinas de la capital. El ex dictador Sadam fue encontrado culpable de «crímenes contra la humanidad», al igual que su hermanastro Barzan al-Tikriti, quien era jefe de los servicios secretos en aquel periodo, y Awad Hamad al-Bandar, responsable del tribunal que condenó a los 148 chiíes del pueblo de Duyail a la pena máxima. Los abogados de la defensa tienen ahora 30 días para apelar la sentencia.

Los chiíes de Duyail fueron ejecutados por haber participado en un atentado fallido contra Sadam, que atravesaba el pueblo tras un viaje por el norte, en el que había inspeccionado las filas de su Ejército, enfrascado entonces en la guerra con Irán.

La última sesión judicial comenzó a las 9.30 horas y terminó 50 minutos después: el tribunal pronunció tres condenas de muerte, otra a cadena perpetua, tres de 22 años de cárcel y una absolución.

Sadam Hussein dio una vez más muestras de su carácter: al llegar a la sala, se negó en un primer momento a ponerse de pie para escuchar la sentencia, y solo se incorporó obligado por la Policía. Vestido con traje negro y camisa blanca, intentaba interrumpir al juez con constantes arengas, pero no lo logró. El antiguo líder había pedido expresamente que, en caso de ser condenado a la pena capital, fuera ejecutado ante el pelotón de fusilamiento y no en la horca. Tampoco consiguió que se atendiera su solicitud.

Sin embargo, a pesar del veredicto que le condenaba a perder la vida, Sadam no dio muestras de abatimiento, y en ningún momento bajó la vista al suelo. Con el Corán en la mano, mantuvo en todo momento el tono desafiante que le ha caracterizado durante todo el proceso.

Parecido comportamiento mostraron su más estrechos colaboradores: Barzán al-Tikriti y Awad Hamad al-Bandar, ambos condenados también a morir ahorcados. El vicepresidente del antiguo régimen, Taha Yasín Ramadán, fue sentenciado a cadena perpetua por «participar en el asesinato de 148 personas», junto a otras dos condenas, también de cárcel, por delitos relacionados.

Cárcel y absolución

De los otros cuatro acusados, figuras menores del Gobierno de Sadam, tres -Ali Dayeh, Abdallah Kadum Ruweied y su hijo Nezhar Kadum- fueron condenados a 22 años de cárcel en dos sentencias distintas y sólo uno, Mohamed al Azawi, fue absuelto.

Nada más conocerse el fallo del tribunal, el primer ministro, Nuri al-Maliki, manifestó que «las familias de las víctimas y todos los iraquíes tienen derecho a alegrarse. Se cierra una página negra de la historia de Irak y empieza una etapa nueva en la que domina el orden y todos so-mos iguales».

El jefe del Gobierno señaló, en una comparecencia televisiva, que la decisión judicial «será una lección para todos los criminales y terroristas: también ellos serán perseguidos por la Justicia». «Este destino (la pena de muerte) es el que espera a todo aquel que ataque a los civiles o a los lugares santos del territorio iraquí», aseguró el gobernante.

Con excepción de manifestaciones a favor y contra la sentencia en algunas provincias, la jornada transcurrió con mucha más calma de lo habitual y hasta el cierre de esta edición no se habían registrado atentados terroristas. De cualquier forma, el aeropuerto internacional de Bagdad permanece cerrado y la vigilancia es extrema. LOUISE ARBOUR

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