A través de esta calle peatonal se llega al zócalo de Oaxaca, es decir, a la plaza principal de la ciudad en donde está ubicada la Catedral y los principales edificios coloniales. Allí se concentraron los importantes grupos de manifestantes. Durante semanas, vivieron en las calles y controlaron el paso por las mismas desde las tiendas de plástico instaladas en las aceras de las vías. Finalmente, la pasada semana fueron desalojados por la Policía Federal. Tras estallar el conflicto, la policía local del Estado se atrincheró en sus cuarteles. La calle fue tomada por los manifestantes, que ocuparon las principales zonas de la ciudad. La pasada semana, la Policía Federal Preventiva fue enviada a la ciudad rebelde. En los primeros enfrentamientos hubo cuatro muertos. El día 22 del pasado mes de mayo se inició en la ciudad mexicana de Oaxaca uno de los conflictos sociales y políticos más duros e inexplicables de la reciente historia del país americano. Tras 169 días de lucha en las calles, una gigantesca manifestación volvió a tomar ayer las principales avenidas de la capital del estado sureño. No hay tregua en Oaxaca.
Sonsoles Ávalos, química de profesión, que vivió en directo el pasado mes de setiembre los acontecimientos de la ciudad colonial, recuerda ahora desde Gijón aquellos momentos de tensión en una «ciudad sin ley». ¿Por qué se produce el conflicto? ¿Qué razones llevaron a su radicalización? ¿Qué va a ocurrir a partir de ahora? Ávalos convivió con los protagonistas del conflicto y se interesó por el mismo. Ahora recuerda y analiza lo que está sucediendo. «Un paraíso herido. Eso es México», dice. «Si no fuera por sus políticos estaríamos ante un país extraordinario, pero la realidad ya la conoce todo el mundo. Resisten y salen adelante cada día porque los mexicanos tienen una gran capacidad para olvidar. Esa es, a la vez, su grandeza y su tragedia. El conflicto de Oaxaca tiene estos ingredientes».
La Policía Federal Preventiva (PFP), enviada por el presidente Fox, podría acabar esta semana con el foco revolucionario que se inició con las reivindicaciones salariales de un grupo de maestros y se radicalizó como lucha política en la calle para derrocar al gobernador del Estado, Ulises Ruiz. Varios muertos y el recuerdo de una ciudad sin ley es lo que ahora queda en el recuerdo del conflicto.
Sonsoles Ávalos vivió durante un mes, entre el 19 de agosto y el 19 de setiembre, la realidad del México profundo. Viajó en autobús, junto a una amiga indígena y recorrió algunos de los lugares más conflictivos del país. Dentro de ese periplo estuvo en Oaxaca a donde llegó cuando todo estaba ya en marcha. «Los manifestantes llevan parte de razón, pero hay cosas que podían haberse evitado. Han destruido su propia ciudad», señaló. Ávalos recuerda que «cada año se producen las protestas de los profesores y en esta ocasión se les unieron grupos sociales que piden la dimisión del gobernador. En un enfrentamiento hubo varios muertos y fue ahí donde se radicalizó el problema». Los manifestantes tomaron las calles desde el inicio del conflicto y defendieron sus campamentos con barricadas. La Policía local se negó a intervenir. El turismo, que constituye una importante fuente de ingresos, se resintió considerablemente.