El tripartito volverá a gobernar la Generalitat de Cataluña. PSC, ERC e ICV alcanzaron a última hora de la tarde de ayer un acuerdo para reeditar el pacto que facilitó el gobierno de izquierdas en la anterior legislatura. El socialista José Montilla presidirá el Ejecutivo, en el que el presidente de los republicanos, Josep Lluis Carod-Rovira, será el 'numero dos'. Los líderes de las tres formaciones se reunirán este lunes para concretar el diseño del próximo gabinete.
Fue, como deseaba el futuro 'president', un acuerdo rápido. Cuatro días después de las elecciones autonómicas y después de tres jornadas de intensas negociaciones a varias bandas, socialistas, republicanos y ecosocialistas cerraron el pacto. Una comisión negociadora de los tres partidos permaneció reunida desde las once de la mañana hasta las cuatro de la tarde del domingo para resolver el encaje de intereses.
ERC fue la última formación en dar el 'sí' definitivo y la primera en anunciar el acuerdo. A las 20.30 horas el presidente del partido, Josep Lluis Carod-Rovira, compareció en la sede de su partido de Barcelona para comunicar el pacto. «No era hora de hacer un frente sino de trabajar por el país», dijo el dirigente republicano, quien resaltó que las elecciones del 1 de noviembre resolvieron que tendría que haber un gobierno de coalición, al no obtener ningún partido mayoría absoluta, y dieron «una nueva oportunidad» al tripartito «para aplicar políticas serenas, constructivas y estables».
«Una sola voz»
El candidato a la presidencia de la Generalitat, José Montilla, se reunirá hoy con los presidentes de ERC, Carod-Rovira, y de ICV, Joan Saura, para concretar la 'arquitectura' del próximo gabinete. Fuentes próximas a la formación republicana informaron que Carod Rovira será «el segundo» de Montilla, posiblemente al frente de una vicepresidencia. El líder de ICV podría ocupar una segunda vicepresidencia.
El primer secretario del PSC aceptó la exigencia de los independentistas de dar a su presidente un papel relevante en el nuevo Ejecutivo, pero rechazó rescatar la figura de 'conseller en cap' (primer ministro) para evitar la imagen de un equipo de gobierno con varias cabezas. Montilla quiere que su gobierno funcione como si fuera monocolor y ha exigido, según fuentes socialistas, que actúe con «unidad de acción y una sola voz». El acuerdo de gobierno contemplará, incluso, «discrepancias pactadas» en los campos que puedan surgir, con el propósito de dirimirlas a puerta cerrada.
Aunque Montilla ha repetido la fórmula de gobierno de su antecesor, Pasqual Maragall, pretende que su 'tripartito' sea diferente y prime la política social sobre las aspiraciones catalanistas. El futuro 'president' cree, como muchos dirigentes socialistas, que fueron las veleidades nacionalistas de Maragall las que recibieron el castigo de lo electores y está empeñado en hacer «políticas de izquierdas» con especial atención a las áreas sociales.
Sin interferencias
Carod Rovira resaltó en su presentación del acuerdo que ERC dio el 'sí' al nuevo gobierno tripartito porque era un pacto fraguado en Cataluña sin interferencias de fuera. Inclusó se selló estando fuera de España el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
El dirigente republicano opinó que para el PSOE la prioridad era un gobierno CiU-PSC y que el PP no quería que los independentistas volvieran a estar en el gabinete. «Nosotros queremos estrechar la cohesión social, pero también la cohesión nacional -añadió-. Entendemos que la continuidad de medidas de bienestar adoptadas por el anterior Gobierno es imprescindible para que la calidad de vida de los catalanes forme parte inseparable de nuestra identidad nacional como pueblo». Carod-Rovira comunicó por teléfono la decisión al presidente de CiU, Artur Mas, quien, si se ratifica el acuerdo tripartito, volverá a ser el líder de la oposición.
Horas antes de conocerse el acuerdo para el 'tripartito', el secretario general de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, había advertido de que si el líder del PSC, José Montilla, optaba por reeditar el tripartito en Cataluña, su formación nacionalista no tendría «motivo alguno» para apoyar al Ejecutivo de Zapatero en el Congreso de los Diputados.
Duran afirmó abiertamente que la negativa del presidente de los socialistas catalanes a formar gobierno con CiU empeoraría las relaciones entre el partido que lidera Artur Mas y el PSOE, pues «es evidente que CiU no podría tener la misma actitud respecto al Gobierno».