Martes, 7 de noviembre de 2006
Registro Hemeroteca

en

GIJÓN

GIJÓN
Caliente, caliente
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

ESTÁBAMOS entretenidos con el escrutinio de los votos habidos en Barcelona, aldea del municipio de Cataluña, concejo de la España provincia de Europa, y no percibíamos lo importante, que recontábamos en traje de baño a pesar de estar en el serondo noviembre. Venía un tren de frente, y nosotros en medio la vía, echando fotitos al Artur Mas y al tripartito, ajenos al 'tsunami' que venía zumbando, sonrientes como querubines tontos, y valga la redundancia.

Caliente, caliente. Envuelta en gases interiores y exteriores se acerca la Navidad. Hemos traspasado el Día de Difuntos sin averías aparentes, y ya está ahí el feliz año nuevo en manga corta, anunciando a toda pastilla un invierno de calores veraniegos e incertidumbres frías. Porque habitamos en una bolsa cerrada, en el seno de una burbuja atmosférica, y por calentarnos avivamos hogueras para consumir los rescoldos de aquellos paleozoicos carbones y petróleos del Carbonífero y el Pérmico.

Somos el mono del Cuaternario final que un día aprendió a quemar las sabanas con brasas de volcán para cazar ratas en fuga, y ahora sigue empeñado en asar la estratosfera y la troposfera para no pasar frío o para llegar más rápido a ningún sitio. Tanto quemamos que hemos cambiado las reglas del juego de las estaciones y ahora nos hallamos bailando de calor en medio de una olla, como garbanzos.

Somos los mismos cromañones que arruinaron a fuegazos los bosques y praderas que hacían del Sáhara un jardín botánico hace menos de ocho mil años, con la ventaja de que ahora disponemos de tecnología punta para elevar los grados de calor, para envenenar con mejor ahínco el aire mediante coches, aviones, centrales térmicas y fábricas de sulfúrico.

Las ovejas de Australia y Patagonia ya llevan gafas de sol para no quedar ciegas por culpa de que nuestras vacas sagradas agujerean de continuo la capa de ozono con trépanos de metano, o sea, a pedos. Dotados de sexto sentido, otros animales se han olido la tostada y pescadores de Cudillero han cazado en alta mar a un rebeco esquirol que desertaba a nado de la debacle. Pronto habrá que dar cursillos de natación a las frisonas y colocar máscaras antipurines en la jeta de los cerdos. Somos la de dios porque somos el 'homo sapiens' que tras las glaciaciones de Riss y Würm decidió que nunca más volvería a pasar frío, como Escarlatas O'Haras ante el viento que se lo lleva todo. Por eso, en cuanto vemos un árbol, nos asoma un hacha entre los dientes, y nos da igual que luego venga el diluvio porque ya sacaremos partido al desastre hirviendo al pulpo con galipote, chuletón con ácido nítrico, y si hace falta aliñar las ensaladas con diarrea, se hará.

Tenemos casi rodeado al enemigo. Tenemos a los parques naturales apresados tras murallas de rascacielos, y al mar Mediterráneo tan circuido con cloacas de urbanizaciones piratas que pronto estará tan mar Muerto como el mar Báltico, ese estanque de lejía que ha adoptado el perfil de un orante genuflexo para suplicar una tregua al cromañón. Infectados de hormigonitis y ladrillitis, nos lavamos la conciencia con los mandamientos de la nueva religión, el Giligilismo, y vamos cubriendo de asfalto la Costa de Cemento, antes Costa del Sol, para alfombrar el camino hacia la luz a tantos jubilados ricos de las provincias del norte de Europa que, como en la invasiones bárbaras, se trasladan con armas y bagajes al paraíso Marinador, para huir en tropel de las noches a las seis de la tarde, a la caza y captura del 'botellón' y del baile por sevillanas. En esta pretensión por dejar de ser animales, ya hemos semiextinguido como animales a los naturales, y criamos pollos de plástico y lubinas de gelatina a la carta.

Dicen que los quemados mueren de frío. Pues así vamos a acabar, helados de frío, pero, eso sí, calentitos, calentitos.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo