Conocí al doctor Otero hace unos pocos años, por razones profesionales, y aunque no he tenido mucho trato con él sí que me he sentido en todas las ocasiones muy a gusto a su lado. Casi siempre a través de breves llamadas telefónicas o alguna visita a su consulta en Cabueñes, para tratar y preguntarle algunas cuestiones sobre niños pacientes comunes. También asistí a alguna de sus charlas sobre trastornos de déficit de atención con hiperactividad, patología en la que él estaba bastante interesado.
En su trato rebosaba la cordialidad, la colaboración, la simpatía y el corazón. Me parecía un hombre bueno y un gran profesional, volcado en los pacientes. En fin, un gran médico y una gran persona.
Nuestra coincidencia era en un grupo de niños tratados por él y asistidos en Aspace, en el centro Ángel de la Guarda de Castiello de Bernueces, donde trabajo como médico unas horas a la semana. Espero -y pido- que ese Ángel de la Guarda de Aspace, y todos los ángeles custodios de tantos niños que él tan bien trató a lo largo de su vida, le aúpen para que Dios Nuestro Señor le dé un buen lugar en el cielo.