Para asistir al mitin que daba Bill Clinton el domingo en Nueva Jersey en apoyo del senador demócrata Bob Menéndez había que sacar entradas con antelación, tal es el poder de convocatoria del ex presidente. Con ese tirón contaban también otros 'pesos pesados' de ambos partidos, como el actual inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush, su esposa Laura, el ex candidato John McCain, el popular anterior alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, o el único senador negro, Barack Obama. Todos ellos se desplegaron frenéticamente en las últimas horas de campaña por las zonas más disputadas para estimular la participación, que se considera el factor clave de las legislativas de hoy.
Sobre el tablero están los 435 asientos de la Cámara de Representantes, un tercio de los 100 que forman el Senado y 36 gobernaturas, pero sobre todo el control de las cámaras, que desde 1994 están en manos del Partido Republicano. Las encuestas otean la posibilidad de que la oposición demócrata recupere la Cámara baja y puede que la alta, aunque los republicanos han acortado diferencias. Si hace dos semanas los demócratas lideraban 50-39, ahora sólo lo hacen por 47-43, según la última encuesta del diario 'The New York Times'.
En realidad la intención de voto general puede resultar engañosa, porque lo que hay que medir son un montón de competiciones en distintos estados. No tiene la misma importancia el voto de un neoyorquino -donde Hillary Clinton se preparaba para un paseo por el ruedo, con una ventaja estimada de 33 puntos-, al de alguien en Missouri, considerada una de las cuatro batallas más cerradas al Senado, junto con Virginia, Montana y Rhode Island.
Referendos paralelos
Una serie de referendos paralelos tienen el poder de incentivar la participación. En Missouri, los votantes decidirán también si se autorizan fondos estatales para las investigaciones con células madres, lo que estimula a muchos conservadores que las consideran inmorales. El aborto será penalizado en todas sus versiones si gana la propuesta a votar en Dakota del Sur, donde también está en las papeletas la prohibición de matrimonios homosexuales, que se vota en siete estados más. Por su parte, Nueva Jersey y Ohio se pronuncian sobre el salario mínimo, algo que movilizará a los sindicatos de trabajadores y beneficiará a los demócratas.
De todas las estrellas políticas que hacían un esfuerzo por multiplicar sus apariciones en las últimas horas, las más incómodas eran, paradójicamente, las que protagonizaran las últimas elecciones presidenciales. El senador demócrata John Kerry había desaparecido de la agenda después de ofender a los militares al decir en una facultad de California que quien no estudie se verá atascado en Irak.
Por su parte, el presidente Bush había recibido plantón de Charlie Crist, el candidato republicano para suceder a su hermano Jeb como gobernador de Florida, que se retiró del cartel de Pensacola al que acudió el primer mandatario para apoyarle, dada la impopularidad del mismo en esa zona. La última encuesta de CNN determina que más del 60% cree que Bush está malversando sus funciones de gobierno.
Con ese efecto polarizador, su presencia, más que ayudar, estimula el voto demócrata. Susane Levine colocaba ayer carteles del candidato demócrata a la Cámara de Representantes John Hall en cada esquina de Newburg (estado de Nueva York), porque está en desacuerdo con Bush «en prácticamente todos los temas», aseguró.
Ella y sus amigas son parte de las más de mil voluntarias de ese candidato que hoy tocarán puertas para recordar que ha llegado la hora de mostrar el enojo en las urnas.