SEGÚN las leyes de la psicología social y de la comunicación, cada vez que nos relacionamos con otras personas vamos dejando grabada en su retina y en su cerebro una impresión personal positiva o negativa, casi nunca neutra, hacia nosotros. Según sea la impresión que les causemos, así será la imagen que se formen y así serán en reciprocidad sus comportamientos con nosotros. Somos, pues, responsables de la huella que dejamos grabada, de la percepción que tengan de nosotros y lo somos de las consecuencias favorables o desfavorables que puedan derivarse. Esto, que es el ABC de cualquier relación personal, comercial, profesional, empresarial o económica, es también aplicable a una región entera, como es el caso de Asturias, respecto a quienes nos conocen y ello puede permitir hacer esta región económicamente apetecible.
Cada día que pasa, los asturianos, dependiendo de lo que hagamos, nos jugamos ante el mundo la calidad de nuestro futuro como asturianos y el de nuestros hijos, en gran parte, nos jugamos ser una región apagada o floreciente.
Miles de ciudadanos del Estado español y extranjeros entran en contacto con Asturias ya sea porque compran nuestros productos y los servicios que se les ofrecen o porque vienen de vacaciones, de visita y por asuntos de negocio, porque nos venden o porque asisten a congresos y eventos de todo tipo. En todos estos miles o millones de encuentros, los demás se forman una imagen de nuestra región basada en la calidad de los productos y servicios de nuestras empresas y ojalá que su asociación resulte positiva para bien de nuestra tierra. En ese caso, volverán a repetir, hablarán bien de Asturias, arrastrarán a más con ellos porque hemos sabido venderles buena imagen, comentarán lo satisfechos que se sienten como consumidores de lo nuestro y revertirá en grandes beneficios para Asturias.
Toda impresión derivada del servicio ofrecido, de la calidad de nuestros productos y servicios y de los valores transmitidos en esas transacciones, así como del trato profesionalmente dispensado, crea una reacción emocional entre el perceptor y el percibido (Asturias en este caso) que determinará, a su vez, los lazos que se formen y la respuesta que nos den. Se establecerá una asociación positiva y nuestra marca brillará en el firmamento de los negocios en este mundo globalizado.
Todos y cada uno de los asturianos, y no sólo los agentes más influyentes de la región, tenemos la obligación moral de dejar sembrada la mejor de las impresiones en nuestros potenciales consumidores, no sólo por el trato, que suele ser bueno, sino por cómo satisfacemos sus necesidades, si queremos que esta región progrese, ahora que, como podemos atisbar, ya no está tan asegurada en el futuro la protección total y me temo que tampoco proporcionalmente solidaria por parte del Estado central, dada la presión que otras comunidades autónomas ejercen para obtener ventajas sustanciosas. Desde el camarero que atiende a un comensal foráneo, el personal que informa en una oficina de turismo, el taxista, el hostelero, el transportista, el político, pasando por la calidad de los productos que se ofrecen y los servicios que se prestan, todo influye para bien o para mal en los consumidores de la marca. La buena imagen de Asturias se transmitirá a todos los niveles y en todos los aspectos de la vida. No se pueden echar balones fuera cargando sobre las espaldas de otros la responsabilidad de crear una buena impresión. En este tren estamos todos y de todos depende que los que no nos conocen hasta ahora queden encantados de la excelencia de todo lo que ven, adquieren, visitan, tocan, acuerdan, encargan o experimentan. De todo esto sólo se derivan ventajas y beneficios.
Así pues, dependiendo de la experiencia que tengan de nuestra tierra, sus empresas y sus gentes dependerá que aumente el consumo futuro, se multipliquen las exportaciones, inviertan aquí su capital algunos, creen empresas, construyan, proyecten, degusten, hagan uso de nuestras instalaciones hoteleras, viajen por nuestra tierra y, en definitiva, crezca nuestro sector empresarial y no se tengan que ausentar nuestros hijos porque aquí habrá trabajo para ellos.
Hay que procurar que todos los que conozcan nuestra marca de Asturias hablen bien de ella y se extienda una buena reputación que haga que nuevos ciudadanos se sientan interesados por nuestra comunidad autónoma. Hemos de diferenciarnos para bien y sobresalir positivamente. Si la imagen que proyectamos es positiva a todos los niveles se nos abrirán las puertas del país y del mundo.
Pero no sólo podemos dar buena imagen aquí, sino también cuando salimos y actuamos como embajadores de esta tierra o cuando llegan a otros lugares los productos aquí fabricados o se publicitan nuestras playas, nuestros bosques, nuestra gastronomía y nuestro paraíso. Tenemos que conseguir estar en boca de la gente y hacer que cada día más personas, empresas y demás agentes se interesen por esta región.
Asturias ha de llegar a ser una marca muy demandada y con relieve. Somos un millón pero bastantes para conseguir hacer de esta tierra un espacio apetecible, rentable y atractivo. Un millón de cerebros puestos a crear una buena imagen y consolidarla son muchos cerebros y el resultado puede ser magnífico y de enorme trascendencia para las futuras generaciones. Sólo hay que empeñarse en ello todos.