El pasado verano, en medio de una reunión de amigos, comentamos la idea de hacer un homenaje a don José en agradecimiento por todo el esfuerzo que ha empeñado en nuestra parroquia y nuestro barrio a lo largo de sus ya muchos años, y por todo lo que ese esfuerzo nos ha aportado.
Por eso, ahora leemos con estupor las noticias acerca de la parroquia San Miguel y no entendemos nada. ¿Cómo puede influir un sacerdote de 84 años, que lleva más de 15 años jubilado y que no tiene responsabilidades en la parroquia, para que un sacerdote joven, en lo mejor de su carrera, decida irse? ¿A qué presiones le puede someter? ¿Cómo le impide o dificulta realizar su función pastoral en la parroquia y con los jóvenes? ¿Qué hilos mueve para impedir desarrollar proyectos de compromiso con jóvenes? ¿Qué significa que forma parte de la actividad diaria de la parroquia? ¿Qué misas celebra o en qué grupos participa, exceptuando la visita a enfermos?
Somos algunos de esos jóvenes que crecieron y se formaron en San Miguel cuando don José era párroco y sabemos que es un hombre comprometido con su fe, que vive conforme a sus creencias, que predica con el ejemplo y que ha trabajado muchísimo por esta parroquia, en general, y por los jóvenes, en particular.
Don José siempre creyó en la necesidad y la importancia de la educación de los niños y jóvenes en su tiempo libre, y a partir de esa idea se formó el club, donde los fines de semana de invierno se nos albergaba, educaba y divertía. Durante muchos años, hubo varios turnos de campamentos de verano (hasta cuatro), con cerca de cien participantes cada uno de ellos.
Todos los que hemos ido al campamento sabemos que se construyó a base del trabajo desinteresado de mucha gente anónima. Don José no sólo capitaneaba el proyecto, también cogía el pico y la pala como los demás y también dejó allí muchas gotas de su sudor para que todos pudiésemos disfrutar de un campamento que nos enriquecía y nos divertía a partes iguales. También podríamos hablar del colegio
«El que no quiera trabajar que no coma», decía San Pablo y repetía don José hasta la saciedad. Y él trabajaba como el que más.
¿Por qué don José no es bueno para los jóvenes?
¿Porque está en contra de la sociedad de consumo y nos advierte de que «el tener» no nos hace felices, sino que lo que nos va a hacer felices es «el ser»?
¿Porque valora el esfuerzo y el trabajo como dignificación humana? ¿Porque valora la familia y reconoce en los hijos una fuente de riqueza? ¿Porque nos pide que estemos atentos a las necesidades de los demás, especialmente de los que más sufren?
Creo que los jóvenes y la sociedad de hoy en día necesitan estos valores y necesitan gente que, como don José, no sólo los prediquen, sino que también los vivan.
Que sepamos, no lleva ningún grupo de catequesis y no tiene ninguna responsabilidad en la parroquia; incluso lleva bastante tiempo sin celebrar la misa dominical ni la misa parroquial de las 7 de la tarde.
No lo veo a sus 84 años conspirando ni entorpeciendo la labor de otros sacerdotes. Pensamos que, más que culpabilizarle de lo que pasa, habría que hacerle un homenaje como agradecimiento por todo lo que ha dado a esta parroquia. Gracias, don José.