SEGÚN los primeros escrutinios realizados por organizaciones internacionales independientes, el ex guerrillero sandinista y ex presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha ganado las elecciones celebradas este pasado domingo y, por tanto, será el próximo presidente de esta república centroamericana. Dieciséis años después de que Violeta Chamorro le venciese en las urnas tras una desastrosa gestión pos-revolucionaria, el 'comandante Ortega' resucita de sus cenizas políticas y vuelve al poder bajo la atenta mirada de sus vecinos y -especialmente- de Washington, que teme eventuales connivencias con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y sus aliados en la región.
Ortega, que se ha mantenido como un actor político central en el escenario nicaragüense y, de hecho, ha concurrido hasta tres veces a las presidenciales, volverá ahora a ocupar el sillón presidencial gracias a la irreconciliable división de sus adversarios políticos. Eduardo Montealegre, con casi el 30% de los sufragios, y José Rizo, con un 24%, suman más votos que el ex comandante sandinista, pero la imposible misión de hacerlos converger en una sola candidatura liberal-constitucionalista, labor a la que se entregó sin éxito el embajador norteamericano, ha terminando convirtiéndose en la plataforma desde la que Ortega puede retomar nuevamente el poder.
Nicaragua es un país en el que la democracia se considera ya asentada, pero en el que la corrupción y el nepotismo han causado estragos entre la clase política, y buena prueba de ello es el procesamiento por corrupción del presidente Alemán. Ortega ha sabido, sin embargo, aprovechar la campaña electoral para renovar su imagen, después de superar el año pasado un complicado cisma en el seno de su propio partido en el que las acusaciones de corrupción vertidas sobre la cúpula sandinista fueron estremecedoras, y su mensaje reconciliador ha captado el voto de los electores. Para ello ha tenido que realizar impensables gestos religiosos y promesas de respeto a la autonomía empresarial, aunque estos no hayan sido suficientes para proporcionarle la mayoría parlamentaria y se vea obligado a gobernar en minoría.