Martes, 7 de noviembre de 2006
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Muere Paquito Fernández Ochoa, la gran leyenda del esquí español
El esquiador Paquito Fernández Ochoa, uno de los mitos esenciales del deporte español, fallece a los 56 años sin haber encontrado un sucesor
Muere Paquito Fernández Ochoa, la gran leyenda del esquí español
SU DÍA. Paquito es alzado a hombros tras proclamarse campeón olímpico en Sapporo. / EFE
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Rodeado de su familia, apenas ocho días después de recibir el homenaje de sus vecinos y de todo el deporte español, 'Paquito' Fernández Ochoa falleció ayer a los 56 años en su casa de Cercedilla (Madrid), víctima del cáncer linfático que padecía desde hace un año. Con su muerte desaparece una de las leyendas deportivas de este país. Hablamos de uno de los cinco intocables. Campeón olímpico de slalom especial en Sapporo 72, 'Paquito' forma parte de ese santoral de genios pioneros en el que se encuentran Joaquín Blume, Manolo Santana, Ángel Nieto y Severiano Ballesteros. Cada uno de ellos tuvo el mérito histórico de alumbrar y recorrer el camino más difícil en la vida y en el deporte: el que sale de la nada -en este caso, el erial de la España franquista en todo lo que no fuera fútbol, ciclismo y boxeo- y llegar a lo más alto a base de talento y determinación.

Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre 'Paquito' Fernández Ochoa y los otros cuatro mitos con quienes comparte ese lugar de honor en el imaginario deportivo español. Se trata de la repercusión final de su gesta. De su herencia. Blume creó escuela y España dispone en la actualidad de una buena remesa de gimnastas de alto nivel. Y qué decir de Santana, Nieto y Ballesteros. Lejos de caer en saco roto, su ejemplo tuvo un enorme impacto social. Rompieron moldes e inauguraron un tiempo nuevo en sus especialidades. De este modo, España es hoy una potencia en tenis, motociclismo y golf.

Nada de eso ha ocurrido con el esquí. La brillante estela de 'Paquito' sólo la han seguido dos esquiadoras: su hermana Blanca, bronce en Albertville 92, y la granadina María José Rienda, una 'rara avis' hispana en el circuito mundial, tan rara como lo era 'Paquito' hace 35 años, cuando dio su genial estocada en Japón. No es extraño, pues, que el esquiador de Cercedilla, un hombre vehemente y locuaz, se haya ido a la tumba sin poder superar el resquemor que sentía hacia buena parte de los dirigentes del esquí español, culpables, a su juicio, de que en este país la nieve sólo sea un pasatiempo de fin de semana y no un deporte de competición. «Si no hay quien sepa mandar, es difícil que salgan las cosas», declaraba hace un par de semanas, postrado en su cama de la clínica Anderson.

Pasión competitiva

La carrera de Fernández Ochoa remite a una fecha mágica: el 13 de febrero de 1972. Ese día se produjo el milagro que le coronó para siempre y dio un fulgor permanente a su carrera. Puede decirse que ésta comenzó cuando 'Paquito' tenía tres años y se calzó por primera vez unos esquíes, algo inevitable dado que su padre era conserje de la escuela de esquí de Navacerrada y ellos vivían en el mismo edificio, a 100 metros de la cima de ese puerto madrileño. Sus primeros maestros fueron su tío Manolo y su vecino Pepe Arias, fundador del Club Siete Picos y una de las figuras del esquí español de los años cuarenta y cincuenta.

A partir de ahí, de esas primeras lecciones, el resto lo hizo la pasión competitiva. 'Paquito' no se daba tregua. Él y su hermano José Manuel, que llegaría a ser campeón de España de descenso y de la combinada, hacían bajadas una y otra vez por las laderas de Peñalara, cronometrándose el uno al otro. Si había poca nieve, llegaban a esquiar sobre la hierba. Todo con un propósito que 'Paquito', el mayor de ocho hermanos, tenía muy claro: ser campeón del mundo. Su determinación marcaba la diferencia. Lo explicaba su madre aquel 13 de febrero de 1972, cuando un tropel de periodistas ansiosos se acercó a Cercedilla para recoger las impresiones de la familia del inesperado campeón olímpico español, el primero y todavía el único de la historia en unos Juegos de Invierno. «José Manuel es más estilista, pero 'Paquito' tiene una furia, esa soberbia y amor propio, como digo yo, que no se resiste a estar por debajo de nadie», declaraba Consuelo Ochoa a la reportera Pilar Cernuda.

Francisco Fernández Ochoa era un esquiador de media tabla al llegar a Sapporo. Era el mejor de España, seguido de su gran amigo Aurelio García, duodécimo en aquellos mismos Juegos, pero a nivel internacional estaba en un escalón inferior a las grandes estrellas. Un sexto puesto en el slalom gigante de Megeve (1968) y dos novenos puestos en los especiales Val Gardena (1970) y Hannenkamm (1971) eran sus mayores logros en la Copa del Mundo. En sus primeros Juegos Olímpicos, los de Grenoble, había quedado vigesimotercero en slalom y trigésimo octavo en descenso. No es extraño, pues, que no contara en ningún pronóstico salvo en el de su amigo Enrique López Bosch, a quien el verano anterior 'Paquito' había prometido un puesto de honor en Sapporo.

La perfección

A las once de la mañana del día que cambió su vida, 'Paquito' estaba preparado en el cajón de salida, dispuesto a todo. Según declaró horas después, pensaba en sus padres y se encomendaba a la Virgen. Le gustaba el recorrido y había decidido jugársela. Era el segundo en salir. El primero, el suizo Zwilling, hizo un tiempo de 57.30. 'Paquito' salió disparado y lo bordó serpenteando por las 71 puertas del recorrido. Su esquí fue perfecto y su tiempo, asombroso: 55.36. El valor de ese registro se comprobó cuando fueron llegando los favoritos. Jean Noel Auger hizo 55.77, el segundo mejor tiempo. El también francés Henry Duvillard marcó 55.92. El italiano Rolando Theoni, 56.14. Y su primo Gustavo Theoni, 56.69. Quedaba la segunda manga y se trataba de no fallar para asegurar la medalla. De nuevo, a 'Paquito' le gustaba el recorrido, un trazado muy vertical y sin grandes cambios de dirección en las 75 puertas. El orden de salida se había invertido. El español sería el penúltimo en competir. Cuando lo hizo, su referencia era Gustavo Theoni, que había marcado un tiempazo (53.59) y se había colocado primero. 'Paquito' tenía más de un segundo de margen y lo aprovechó con otra demostración: 53.91, el segundo mejor registro. Acababa de consumarse la mayor sorpresa de los Juegos, una proeza. «Fernández, la estocada», tituló 'L'Equipe' su portada del día siguiente.

Recibido como un héroe en Barajas, 'Paquito' ya nunca dejaría de serlo. Dos años después, fue bronce en los Mundiales de St. Moritz y logró en Zakopane (Polonia) su única victoria en la Copa del Mundo. No necesitó más triunfos este simpático madrileño de derechas, casado y padre de tres hijos, que recibió todo tipo de honores y condecoraciones y llegó a ser instructor del Rey, miembro del COE, representante de ropa deportiva y comentarista de televisión en diferentes etapas de su vida.

Esta biografía bien merece la estatua que, desde el 28 de octubre, preside la plaza mayor de Cercedilla. 'Paquito' llegó a tiempo para emocionarse con el afecto que le demostraron sus vecinos y las autoridades presentes, entre ellas las infantas Elena y Cristina. Su familia temía que no pudiese acudir al homenaje, pero finalmente lo hizo en una silla de ruedas.

El campeón llevaba preparado un discurso bien medido, exacto en la proporción de los agradecimientos. Sin embargo, llegado el momento, el corazón le obligó a improvisar y, entre otras cosas, 'Paquito' recordó a su tío Manolo, ya fallecido, uno de sus maestros. Tenía una pedagogía de postguerra el tío Manolo, sólo apta para niños curtidos de la sierra y futuros campeones.

-«Que te tires, 'Paquito'»-, le ordenó una mañana, desde lo alto de una pendiente de vértigo.

-«No tío, que me mato»-, protestó el sobrino, de apenas seis años.

-«Que te tires».

-«Que no, tío».

-«¿Que te tires o te doy dos hostias!».

Y 'Paquito' se tiró. Cayó muchas veces, pero siempre se levantó. Hasta ayer, que no había nieve.

 
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