Es la crónica fotográfica de veinte años de pueblo en pueblo, de charla en charla, de cuento en cuento... Es la crónica de media vida de Jesús Suárez, en los últimos diez años responsable del Archivo de Patrimonio Oral del Museo del Pueblo de Asturias, y de su mujer, María Aurora Carbajal, aparejadora convertida en fotógrafa ocasional para retratar un mundo rural que aún tiene muchas cosas que decir.
Ambos han recorrido Asturias, Lugo, Orense, León, Zamora, Salamanca, Cáceres y el Norte de Portugal en busca de ese patrimonio intangible que conservan las prodigiosas memorias de los campesinos y que se transmite de generación en generación. Ambos, pero de manera especial Jesús Suárez, han atravesado miles de puertas, escuchado romances, cuentos, canciones y leyendas y ambos han recopilado este trabajo en un libro que hace las veces de catálogo de una exposición (e incluye un DVD con material audiovisual) que acaba de cerrar sus puertas en Zamora, en el Museo Etnográfico de Castilla y León. También ambos esperan que pronto se pueda contemplar en Asturias.
Son un total de 66 fotografías que se acompañan de material audiovisual en el que se hace memoria de ese trabajo de campo a través de retratos de mujer. «Aunque la investigación fue hecha tanto con hombres como con mujeres, ellas son por naturaleza transmisoras de ese patrimonio», relata Jesús Suárez, quien añade también a la elección femenina un componente estético. «Hay fotos muy guapas de hombres, pero las mujeres tienen ese aquel, y además es como una especie de homenaje hacia el colectivo», dice el investigador, natural de Salas, como su esposa, que ha titulado la exposición 'Campesinas, la memoria de la tierra'.
Esta muestra que acaba de cosechar un gran éxito en Castilla y León tiene un precedente regional. Hace cuatro años, y a través del Instituto Asturiano de la Mujer, se mostraron en la sala del Banco Herrero en Oviedo fotografías de campesinas, aunque en aquella ocasión la inmensa mayoría de las instantáneas estaban captadas en Asturias.
Miradas limpias
En este paseo por veinte años de tradiciones, los autores incluyen escalas en Pantaras (Lugo), Alameda de Gordón (Salamanca), Porto (Zamora) Argozelo (Portugal) y hasta en Grecia. No importa ni el dónde y ni el cuándo, porque los retratos dibujan siempre el mismo modelo: mujeres trabajadoras en ropa de faena, de arrugas marcadas y mirada limpia.
Ellas posaron, no sin cierto recelo, hacia el objetivo de la cámara fotográfica -por cierto que todas las imágenes han sido captadas en negativo y ni una sola en formato digital- y contaron sus historias ante una grabadora e incluso una cámara de vídeo. Esas mujeres son en realidad miles, aunque en este caso sean 66 las elegidas. «Yo creo que la selección de imágenes la hemos hecho sobre unas seis u ocho mil fotos», detalla Suárez.
Así son ellas. Y sus historias, una joya a conservar. Dice Jesús Suárez que la exposición y su libro son una forma perfecta de dar a conocer todo ese patrimonio intangible que se cuenta en historias y leyendas, un valor que no siempre en Asturias es suficientemente apreciado. «Desde hace mucho tiempo tengo la impresión cada vez más confirmada de que el patrimonio oral tiene más interés fuera de Asturias que dentro», asegura el experto. Añade que entre los medievalistas las investigaciones sobre las costumbres asturianas «son un referente».
Con la muestra concluida en Castilla y León, sus autores confían ahora en que se pueda ver en Asturias pronto. «Nos gustaría traerla, en una buena sala y con buenos medios», relata Suárez, quien añade que su objetivo es que pueda traspasar más fronteras para ser observada en Galicia y Portugal.