Tras ponerse a las órdenes de los hermanos Coen, Javier Bardem figura en los planes inmediatos de Martin Scorsese y Woody Allen. El actor contesta por teléfono desde Colombia, donde rueda 'El amor en los tiempos de cólera'.
-Usted quería dar vida a Goya.
-Sí, por lógica: soy español y tengo la cara grande, y Goya era un señor grandullón. Me sorprendió cuando Milos Forman me dijo que iba a hacer de cura.
-Él dice que usted es un gigante de la interpretación.
-No sé qué decir. He tenido mucha suerte porque acabo haciendo muy buenas migas con los directores. Trabajar con Milos es como irse de vacaciones. Se dedica a desmitificar y ahorra las energías para la vida, que es lo importante.
-¿Qué lección suya ha aprendido?
-Te enseña a ponerte en tu sitio, algo que también aprendes cuando trabajas con actores de distintos países. Su mirada es sólo suya, por eso intentar epatar a un gran director es una batalla perdida.
-Su personaje pasa de fanático inquisidor a revolucionario.
-Las dos facetas son consustanciales a los regímenes totalitarios. Tanto la Inquisición como la Revolución Francesa pasaron por encima de las personas. Me he sentido más cómodo con el revolucionario, más cercano a mi realidad, pero me ha gustado más hacer de inquisidor.
-Después de empaparse de la España del siglo XVIII, ¿qué ha aprendido?
-Que España ha sido caldo de cultivo de odios durante mucho tiempo y uno de los países en los que más se ha borrado el sentimiento intelectual del pueblo, porque siempre había alguien por encima cortándolo de raíz.
-Su nombre aparece en proyectos de Scorsese y Woody Allen.
-No sé qué planes tengo. Lo de Scorsese es un rumor, y lo de Allen está empezando a ser algo más concreto.
-¿No tiene ofertas en España?
-No busco trabajo fuera, pero a veces es más interesante que el de dentro. Ojalá me salga algo en España, porque echo mucho de menos trabajar en mi lengua.
-¿Se ve maduro como actor?
-No me siento maduro ni como persona ni como actor. Esto de ser maduro es como la belleza, la tienen los otros.