Miércoles, 8 de noviembre de 2006
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Trotamundos sobre ruedas
El praviano Juan Menéndez Granados se convierte en el primer ciclista en recorrer en solitario los Urales durante cuatro meses
Trotamundos sobre ruedas
AVENTURA. El ciclista Juan Menéndez Granados Dueñas, durante uno de los tramos de su travesía por los Montes Urales. / J. M. G
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He sido el primero del mundo en recorrer los Urales en bicicleta y en solitario». No todo el mundo está en disposición de hacer afirmaciones tan rotundas. El lo hace y, además, puede presumir de ello. Es Juan Menéndez Granados, un joven praviano que a sus 24 años recién cumplidos ya se ha recorrido medio mundo encima de su inseparable compañera de viaje, su bicicleta.

Se llama a sí mismo «cicloturista extremo» y no es para menos. A pesar de su juventud, tiene en su haber un extenso currículo de expediciones dignas de mención: tres veces y por rutas diferentes ha hecho el Camino de Santiago, una vuelta a Escocia y una expedición por los Picos de Europa cayeron a golpe de pedal. La Transpirenaica Mediterráneo-Cantábrico (España-Andorra-Francia), un viaje por el Gran Atlas y la expedición Transamazónica Pacífico-Atlántico, donde se convirtió en la persona más joven en atravesar la Amazonia en solitario en bicicleta, engrosan también su historial.

4.060 kilómetros

Y si alguien pensaba que el más difícil todavía no era posible, se equivocó, porque para Juan Menéndez Granados no existen límites. Su última hazaña ha sido atravesar toda la cordillera de los montes Urales de Sur a Norte, nada menos que 4.060 kilómetros en cuatro meses. Cuatro meses de penurias, de peligros, de inclemencias metereológicas, de noches sin dormir, pero nunca de desaliento. Porque, asegura, jamás se le pasó por la cabeza la idea de abandonar y regresar a Pravia.

Pero ¿cómo surge la idea de embarcarse en tantas aventuras? Juan lo tuvo siempre claro desde que empezó a pedalear cuando no sumaba más de catorce años y, desde entonces, no ha parado de realizar proezas de este tipo con dos claros objetivos: el deportivo y el cultural, quizás el más importante,. «Para mí es una satisfacción muy grande poder mostrar a todo el mundo cómo vive la gente en zonas tan remotas de la tierra».

Como buen embajador de su tierra y como símbolo de asturianía y de intercambio cultural, llevó a cabo el hermanamiento de las aguas del Santuario de Covadonga con las polares del río Jarbei. «Antes de partir fui a Covadonga a recoger agua, la llevé durante todo el viaje y la hermané con la del nacimiento de este río del Círculo Polar».

Ahora Juan y su montura de metal descansan en casa. Por poco tiempo, sin duda.

 
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