Miércoles, 8 de noviembre de 2006
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ECONOMÍA

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¿Adiós a Arcelor?
Sorpresa e inquietud en Europa por la decisión de Lakshmi Mittal de simultanear los cargos de presidente del consejo de administración y de director general de Arcelor Mittal
¿Adiós a Arcelor?
Lakshmi Mittal es el nuevo director general de Arcelor Mittal. / E. C.
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«Arcelor no existe ya más que en los libros de texto». La frase es de un trabajador francés que resume la sorpresa y la inquietud que ayer provocó en media Europa la noticia de que Lakshmi Mittal -el magnate indio que, con un 43% del capital, manda sobre el nuevo gigante del acero, Arcelor Mittal-, había decidido el pasado domingo sumar a su puesto de presidente del consejo de administración el de director general de la compañía, incumpliendo así el Acuerdo de Intenciones del pasado 25 de junio, en el que se fijaban las condiciones por las que Arcelor daba su visto bueno a la opa de Mittal.

En efecto, en el documento aprobado y hecho oficial ese día se estipulaba, respecto al gobierno corporativo, que «el consejo de administración y la dirección general serán órganos separados». Lakshmi Mittal ha tardado tres meses en dar un vuelco espectacular a la composición de la dirección general al pasar a ocupar personalmente el cargo para el que había nombrado el 4 de agosto a Roland Junck, uno de los directivos más relevantes de la siderurgia mundial.

Lakshmi Mittal 'manda' y ahora 'está'. Lo primero lo sabía todo el mundo: con un 43% de la compañía en sus manos existen pocas dudas sobre quién detenta el poder. Lo segundo también se esperaba, pero nadie se imaginaba que el golpe de mano fuera a darlo en tan sólo tres meses. Y mucho menos que fuera a costa de relegar a un director general que apenas si había tenido tiempo a tomar las medidas de su despacho.

Hay que leer entre líneas el comunicado oficial del lunes para aventurar que en estos tres meses se había producido un choque de trenes entre el propietario de Arcelor Mittal y su director general. «Se logra una mayor claridad en lo que respecta al liderazgo de la compañía», argumentó Kinsch, presidente no ejecutivo de Arcelor Mittal. «Esta aclaración de la estructura de liderazgo de Arcelor Mittal redunda en el mejor interés de todas las partes», abundó Roland Junck, que oficialmente ha aceptado bajar en el escalafón y convertirse en «asesor» del nuevo director general.

En definitiva, «aclarar» la situación ha consistido en solucionar un problema que algunos -muy pocos, es cierto-, conocían: Lakshmi Mittal dirigía la empresa desde su despacho de Londres, mientras Roland Junck, su director general, cada vez tenía menos poder de maniobra desde el suyo de Luxemburgo. Al final, el de Junck era un cargo tutelado permanentemente por el propietario de la compañía, que era el que debía dar el 'okey' a cada una de las decisiones. Por eso, tras el acuerdo del domingo, Lakshmi Mittal manda y además está.

La decisión del magnate indio fue tan sorprendente como rápida. La reunión del consejo de administración que aprobó su propuesta fue convocada el domingo y algunos consejeros ni siquiera pudieron llegar a Luxemburgo, siguiendo la reunión por videoconferencia. Luego, a partir de las siete de la tarde, la información comenzó a pasarse a los directores de las plantas europeas, cogidos tan desprevenidos como los trabajadores y los sindicalistas.

El resto de los acuerdos

El incumplimiento del Acuerdo de Intenciones de la opa aceptada por Arcelor por parte de Lakshmi Mittal abre ahora una nueva etapa en la que la inquietud va a ser una constante. ¿Qué garantías existen sobre el resto de los acuerdos? La pregunta recorría ayer todos los emplazamientos de la compañía siderúrgica en países como Francia, Luxemburgo, España y Bélgica, en donde se había confiado en otro de los acuerdos de la opa: «la inexistencia de reestructuraciones y de expedientes de regulación de empleo en el perímetro de Arcelor en Europa como resultado de la fusión» y «el compromiso de cumplir todos los planes industriales y compromisos sociales de ambas compañías».

En Asturias, por ejemplo, el 'plan Arco' puesto en marcha por la anterior dirección de Arcelor había permitido, entre otras cosas, mantener abiertos los trenes de carril y alambrón de Gijón, seriamente amenazados de cierre por su falta de resultados. Con el 'plan Arco' lo que se demostró es que Arcelor fue fiel a sus principios fundacionales de manejarse como modelo de empresa europea, en donde el objetivo de alcanzar valor para los accionistas no estaba reñido, ni mucho menos, con la protección social, tanto de los trabajadores como de los territorios en donde se encontraban sus plantas.

Lakshmi Mittal no parece pensar lo mismo. Todo el mundo da por hecho que la venta de la canadiense Dofasco a la alemana Thyssenkrupp será el siguiente paso, saltándose el entramado jurídico montado por la anterior dirección de Arcelor para evitar esa venta. Y con esa transacción, Mittal obtendrá los aproximadamente 3.500 millones de euros que necesita para lanzar la opa a la que le han obligado para hacerse con Arcelor-Brasil.

En España, mientras tanto, nadie olvida que una parte del éxito de la actual Arcelor Mittal se fundamentó en la colosal reestructuración que se llevó a cabo en los años noventa, con miles de empleos perdidos y más de un billón de pesetas de coste que salieron del erario público. Por eso, va a ser difícil entender que a partir de ahora sólo se tengan en cuenta, en nombre de la globalización, los intereses económicos de una compañía que dirige un propietario que en las últimas horas ha recordado, por si cabía alguna duda, que él, Mittal, es el que manda.

 
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