Miércoles, 8 de noviembre de 2006
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GIJÓN

AL AIRE
Diez
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AHÍ les va una nueva remesa de palabras y palabros que se incorporan al 'Diccionario del disparate', al tiempo que se publican en aquesta columna por deferencia de su autor, el motejado Dascoíte:

Autista: nombre habitual de no pocos mayordomos antañones, aquellos elegantemente uniformados que respondían parca y educadamente y solían ser los asesinos en las novelas de misterio.

Cariescontecido: que muestra en el semblante pena o turbación por culpa de una úlcera en los dientes.

Espada: el famoso orador griego Demóstenes, encarnizado enemigo de Filipo Macedonia al que denostaba en sus famosas 'Filípicas', poseía una lengua tan afilada que pasó a la posteridad como 'la espada de Demóstenes'.

Japuta: pez acantopterigio. Mi suegra tiene prohibida su ingestión por aquello de la sobredosis.

Jijón: villa de Jovino.

Maosoleo: sepulcro donde reposan los restos del político Mao-Tse-Tung. No constituye lugar de peregrinación para aquellos progres que se sabían de memoria el 'Libro rojo' que recogía los pensamientos del líder chino. Sobre tales especímenes, bastantes de los cuales se integraron en grupos políticos que antes tildaban con desprecio de burgueses, comentó el anarco-playu Nolo Vasllenar: «Ye que pasaron de les barricades a les barrigades, bobín».

Peztulancia: dícese de la ridícula presunción del que se jacta de comer angulas durante el período navideño.

Quiromancia: adivinación supersticiosa por la observación de las rayas de las manos. En opinión de Sibila, la bruja del Natahoyo, vidente evidente y objetiva, «lo único cierto que se lee en las líneas de las palmas de las manos es la palabra 'incauto'.

Triunfo: factoría de enemigos. Su antónimo, fracaso, me recuerda un sabio consejo del que les hago partícipes: «No cuentes tus fracasos a los amigos ...¿Que los divierta la madre que los parió!».

VIP: siglas de 'Viciosos Incorregibles de la Política', esos que se aferran a los cargos cual percebes a las rocas. Por no escribir unas páginas amarillas, cito sólo el nombre de José Ángel Fernández Villa.

(-¿Pero si ese es sindicalista, cacho bestia¿- exclamó un lector

-Ya, amiguín, y resulta que mis hijos, que tuvieron que buscar trabajo en el extranjero, son una leyenda urbana- le repliqué).

 
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