HAY que elogiar la trayectoria de 'Amar en tiempos revueltos' el culebrón de sobremesa de TVE-1. Esta serie nació dentro de la ola de revisión de la guerra civil y la posguerra que tanto viene promoviéndose últimamente, con un retrato muy maniqueo de la gran tragedia del siglo XX español, pero después ha ido centrando su argumento en las vicisitudes de los personajes hasta fraguar un relato más atractivo y convincente. Sus cifras de audiencia nunca han sido malas: es el culebrón mejor colocado de TVE-1. Buena parte del éxito reside en su realismo, más acentuado en esta segunda temporada. Con todo, en el relato siguen apareciendo situaciones que tienen poco que ver con la realidad. Los espectadores, muchos de los cuales vivieron esos años, descubren los errores y me los cuentan. Vayan dos ejemplos. Uno: en la serie aparece un desahucio de inquilinos de un piso de alquiler que con la ley de la época era imposible. Se trata de esa sórdida situación, típica de la novela social, en la que un propietario sin escrúpulos expulsa a sus alquilados y los deja en la calle.
Pues bien: en los años cuarenta -y mucho después-, esas cosas sólo pasaban cuando los inmuebles amenazaban ruina, la cual debía ser convenientemente acreditada. De hecho, el problema de los 'alquileres de renta antigua' fue una pesadilla para los propietarios hasta que la Ley Boyer de 1985 les permitió rescindir unilateralmente los contratos, cosa antes imposible.
Segundo ejemplo: en la serie, una dama va a casarse y se ve impelida a vender todas sus propiedades antes del matrimonio. ¿Por qué? Porque, según nos dicen, si no lo hace, todos sus bienes pasarán a ser gananciales y, por tanto, dependientes del marido. Ahora bien, según me cuenta un lector eso era también imposible ya no sólo en los años cuarenta, sino antes y después, porque los gananciales son, por definición, los bienes adquiridos por la mujer, por el marido o por ambos mientras dura la sociedad conyugal, mientras que los bienes de uno u otro anteriores al matrimonio siguen siendo privativos de cada cual.
¿Errores de formación jurídica en los guionistas de 'Amar en tiempos revueltos'? Sin duda, sí. Pero hay algo más. Es que el relato de este culebrón está al servicio de un determinado dibujo de una época histórica concreta, dibujo que aspira a ofrecer una imagen lo más siniestra posible. Retrato patético de injusticia indignante, pero tiene el inconveniente de que falta a la verdad.