Jueves, 9 de noviembre de 2006
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GIJÓN

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«El culpable se irá de rositas»
Los padres de la víctima creen que los 17 años del autor del atropello supondrán una atenuante
«El culpable se irá de rositas»
ENTRENADOR. Pablo González, con camiseta blanca, con un equipo del Codema en un torneo de fútbol playa celebrado en 2004 . / E. C.
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Hasta las cinco de la madrugada no sonó el teléfono de casa». Amor y Gustavo, los padres de Pablo González, se enteraron por esa llamada de que su hijo había fallecido. Había sido atropellado a la una, pero «él ya no vivía con nosotros y en su DNI venía una dirección anterior a la actual. Por eso tardaron en avisarnos», justificaba ayer por la tarde su padre, en el tanatorio, con la mirada perdida. Entonces no llegaron a creerse lo que les explicaban. «Aún ahora -aseguran los tíos de la víctima- no sabemos qué hacemos aquí».

Su primer paso fue firme: avisar a Ignacio, su otro hijo, policía nacional destinado en la Comisaría de Torrelavega (Cantabria). Ignacio recordaba ayer que «tenía el turno de noche. Diez minutos antes de enterarme, atendí una llamada: dos extranjeros, al volante de una furgoneta, con el puente hecho, se habían llevado por delante algo de mobiliario urbano». Exactamente la misma situación que a no muchos kilómetros, en Gijón, acababa con la vida de su hermano. Y, sin embargo, Ignacio ni siquiera se sorprendió por la cruel coincidencia: «Pasa todos los días. Estoy harto de verlo. Todos lo estamos».

Amor no conseguía explicarse por qué no tenía más información oficial sobre lo ocurrido: «No nos dicen nada. Sólo sabemos que lo mató una furgoneta». Sin embargo, estaban al tanto de lo que ayer pudo escucharse en toda la ciudad. El conductor, menor, no tenía carné de conducir.

«Piensas que va a haber un juicio, que quien lo hizo lo va a pagar. Pero por lo que estoy escuchando ahora, creo que se irá de rositas», reflexionaba. Mientras, Gustavo ponía serenidad: «Aún no sabemos nada seguro, tampoco podemos adelantarnos». Sin embargo, a Ignacio no le hacía falta esperar: «No tengáis ninguna duda. Se irá de rositas», les decía a sus padres.

«Pero el hecho de ser menor no le exime. Además, le falta poquísimo para cumplir los 18», intentaba defender la madre. «Total, ya...», opinaba uno de los asistentes al velatorio. «El daño está hecho», pero Ignacio y su esposa, Marta, pedían «que se endurezca la ley o, al menos, que se cumpla la que está vigente».

Ella sabe muy bien de qué habla. Hace diez años, un conductor borracho mató a su madre cuando se dirigía al trabajo: «A los tres meses le vimos pasar conduciendo por delante de nuestra casa. Ahora pasará lo mismo. La historia se repite».

«Pablo se hacía querer por todo el mundo; era alegre, jovial, extrovertido», recordaba el coordinador de los equipos de fútbol del Corazón de María, José Manuel Llompart, donde el joven entrenaba. «Era un buenísimo entrenador. Además, lo hacía todo, hasta recoger las entradas. Su vida era el fútbol», completaron algunos de los que fueron «sus chavales».

 
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