Viernes, 10 de noviembre de 2006
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GIJÓN

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«Tenía un carácter cariñoso con los críos, era majo, cordial, alegre y se le veía feliz», resaltan los profesores
En el colegio Corazón de María la noticia cayó como una bomba: «Los chavales le adoraban», dice el director de secundaria
«Tenía un carácter cariñoso con los críos, era majo, cordial, alegre y se  le veía feliz», resaltan los profesores
Pablo González. / E. C.
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A medida que transcurría la mañana de ayer en el colegio Corazón de María, los rumores crecían. De clase en clase, se extendía la terrible noticia, que comenzaba a extenderse con rapidez y sin exactitud. Pablo, el entrenador de fútbol, había muerto.

El director de Secundaria, Rafael Castillo, fue el encargado de pasar por las aulas confirmando lo que los alumnos ya se temían. «En vista de la situación debíamos decírselo, aunque fue un golpe muy duro para todos. Estaban muy impactados», explica. No obstante, evitó acercarse a las clases «que peor podían tomar la noticia. Sabíamos cuáles podían ser los niños más afectados, así que llamamos a sus familias, para que los vinieran a recoger y se lo explicaran con delicadeza antes de que lo hiciese un compañero».

Fue entonces cuando los teléfonos empezaron a sonar. «Eran madres. Llamaron muchísimas para preguntar si era cierto lo que estaban escuchando en las radios y televisiones».

Lo era. Y cuando algunos pequeños rompieron a llorar, el centro ya había anunciado que, de momento, se suspendían todos los entrenamientos. El partido del sábado, por supuesto, también se aplazaba. Todos los alumnos rezaron «la oración de la mañana, dedicada a su entrenador».

«Le querían tanto...», reflexiona Castillo. En la sala de profesores no lo llevaron mejor. Muchos de los docentes sólo le conocían de vista, «aunque te afecta igual», comenta una profesora. Otros estaban unidos a Pablo por una fuerte relación de amistad. Javier Pedrero, profesor del colegio, le conocía bien. El joven había entrenado a sus dos hijos y «estaba siempre por el colegio. Fue durísimo. La mayoría habíamos estado con él el día anterior».

«Hacía de todo»

Javier destaca su «carácter cariñoso con los críos. Era majo, cordial, alegre. Se le veía feliz. Todo esto ha sido tremendo».

Pablo era una de las personas que «contaba con toda la confianza del centro». Se la había ganado dedicando horas y horas a los pequeños, pero, «además, hacía de todo. Ayudaba al coordinador de fútbol y si se hubiera podido pasar el día entrenando con los críos, lo hubiera hecho», recuerda Castillo. Durante una temporada se convirtió, incluso, en monitor del autobús escolar. «No se puede decir más: era muy apreciado y querido», concluye el director.

 
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