Con los documentos archivados y fechados en la mano. Así respondió ayer José Silverio Álvarez Álvarez, administrador de Promociones Latores 2000, al último inquilino de la Casona de Regla. José Luis Caravia y su hijo Daniel acusaron a la constructora de 'mobbing' inmobiliario. «Llevamos una década trabajando en la región, rehabilitando preferentemente edificios antiguos y nunca tuvimos un caso así. Cuando compramos La Regla había 12 inquilinos y con todos se negoció, menos con uno», explicó el propietario. Esa excepción es el arrendatario del bajo comercial, que tiene una cerrajería allí desde hace 41 años. A la vista de sus declaraciones, Álvarez manifestó que «estamos estudiando iniciar acciones judiciales, porque atentan contra la buena fe de empresa de Latores 2000».
Sostiene el empresario que «con todos los inquilinos se negoció, porque ellos mismos quisieron hacerlo ante el estado en el que se encontraba la casa». Dice que todas las partes se sentaron a dialogar de forma voluntaria. «No metimos miedo a nadie, como dice Caravia. Si mi voluntad fuese el 'mobbing', habría hecho el expediente de ruina y echado a los 12 sin negociar con ninguno», argumentó.
El motivo por el cual no se llegó a un acuerdo radica, según Álvarez, en que «nunca nos recibió, sólo hablaron los abogados, pero pedía una cantidad desorbitada para irse». El cerrajero, sin embargo, aseguró que le han hecho la vida imposible. «Nunca hemos hablado con él, así que debería explicar quién le amenaza, porque es una acusación grave», reiteró Álvarez.
Informe sobre informe, José Silverio Álvarez indicó que cuando adquirió el edificio, «la anterior propiedad no hizo entrega del arrendamiento de Caravia. Tuvimos que requerirlo por el juzgado y en el acta judicial dijo que el contrato era verbal y que data de mayo de 1966, ahora paga 10 euros». No es la única vez que ha habido problemas entre ambas partes. En 2004, la propiedad presentó una denuncia ante la Consejería de Industria y un Organismo de Control Autorizado revisó el local.
Asorco se encargó de la inspección. En el informe mostrado por Álvarez, se califican de «graves» una serie de problemas del taller. «Es un negocio de dudosa actividad, porque la mayor parte del tiempo no está abierto al público, y con constatadas deficiencias acreditadas por Industria», destacó el promotor. Aseguró que «lo único que ha hecho Caravia por la casa es ponerla en peligro inminente de desplome, ya que tiene una cerrajería industrial en un monumento».
Personas cualificadas
Sobre las quejas manifestadas por el inquilino ante las inundaciones que asegura ha sufrido, Álvarez alegó que «no avisó a la propiedad, cuando sería lo lógico para que lo solucionaran los seguros; nosotros nos enteramos por los medios». El cerrajero también recalcó que había gente que entraba a la casa. «En la casa sólo entran personas cualificadas y autorizadas», enfatizó Álvarez.
El párroco de El Cristo, del que el cerrajero dijo que había subido al edificio para cerrar ventanas, se mostró ayer «francamente indignado, porque es una mentira, una infamia y una calumnia decir que estuve ahí, donde además no tengo ni voz ni voto». El cura señaló que se estaba haciendo «una manipulación» de su persona.
José Silverio Álvarez destacó que la cerrajería está ahora a cargo de Daniel Caravia, de 22 años. «No entiendo por qué un premio extraordinario de fin de carrera en Enfermería y estudiante de Medicina se pone a trabajar en una cerrajería, me gustaría saber si tiene declaración de ingresos y gastos de esa actividad y si es autónomo».
La Comisión de Patrimonio estudiará hoy el expediente de La Regla. «Lo único que hace Latores 2000 es salvaguardar un monumento siguiendo los dictados de Cultura y el Ayuntamiento», concluyó el empresario.