El Festival de Jazz de Gijón arrancó con la actuación de João Bosco y Gonzalo Rubalcaba. A priori, se trataba de una propuesta de fusión brasileño-cubana interesante aunque poco novedosa. Las relaciones entre el jazz y la música brasileña vienen de antiguo. Han sido muchos los jazzmen que se han acercado a la complejidad armónica y a la dulzura melódica de la bossa y de la samba. Ella, Pass, Getz, Blanchard y Sinatra, entre otros, han encontrado en los temas de Lins y Jobim un refugio apetecible.
Bosco, joven de aspecto y de voz a sus sesenta años, es uno de los grandes cantautores brasileños del último medio siglo. Rubalcaba, una de las figuras más deslumbrantes que Cuba haya dado desde los tiempos de Lecuona, un pianista capaz de dominar cualquier repertorio.
Pero Gonzalo no vino a Gijón para apoderarse del escenario con su técnica explosiva; ni para desplegar audaces piruetas rítmicas. Ni siquiera para dejar una atmósfera seductora con aroma a bolero. Por desgracia para el auditorio, entregado y expectante incluso antes de la gala, vino como acompañante al servicio de un líder: João Bosco. El concierto estuvo diseñado a mayor gloria del brasileño y de sus espontáneos seguidores. Bossa nova y samba recordaron a Vinicius, Regina y Blanc en un nostálgico regreso al pasado. La voz y la guitarra, acariciantes, cantaron los sentimientos más desoladores y las alegrías más extrovertidas de 'Incompatibilidade de Gênios', 'Corsario', 'Aguas de marzo' y 'Odilê, Odilá'. Rubalcaba, casi en la sombra, apuntaba solos elegantes e interiorizados.
Fue el músico de los últimos tiempos que, serena e introspectivamente, se ha despojado de exhibiciones accesorias y se recrea en una economía de medios deseada y autoimpuesta. La improvisación que enmascaraba el 'Bésame mucho' lo dejó claro.
En escena, dos grandes músicos, acompañados por un trío experto, y dos lenguajes cercanos queriendo ser uno solo. Puede que lo fuera en la versión de 'Drume, negrita', interpretada al estilo de 'Bola de Nieve'. Dos vías de expresión en paralelo que encendieron los ánimos de un público afectuoso y complacido.