No es de los que captura el momento, aunque eso, literalmente, lo hagan todos. El fotógrafo Ángel Marcos prepara con mimo y cuidado las imágenes que luego sirve al mundo en concepto de obra. Aún con eso, sus instantáneas tienen mucho de documental y de testimonio: «me interesa aprovechar esta mentira que es la fotografía y presentarla como verdad», admite. Algo que el artista demostró ayer en la conferencia que abrió los Encuentros Fotográficos de Gijón. Dio en ella un breve repaso a sus creaciones que ya han pasado por medio mundo -Maison Europeene de la Photographie, en París; Photogallery, en Dublín, el Instituto Cervantes de Nueva York, y ARCO en Madrid, son algunos de los lugares en los que ha expuesto- e hizo hincapié en la idea de «trabajar sobre los proyectos».
Con estas palabras, el vallisoletano se refiere a no entender el oficio y a la persona que lo desempeña «como un cazador de imágenes que va por el mundo fotografiando lo que se le pone delante».
En realidad, se trata de llevar el proceso de una forma más implicada con la cultura de arte contemporáneo, como una necesidad de generar un proyecto artístico. Una necesidad que, dice, nace de la memoria: «Hay unas etapas en la vida, la de la infancia y la de la juventud, donde se genera el carácter y donde todas las emociones quedan grabadas. Son esas emociones las que vuelven, como si fueran pura retórica. Es una deuda con mi propia existencia». ¿Qué es, entonces, lo más complicado de llevar esas emociones a la fotografía? Responde sin atisbo de duda: «Ser riguroso y mantener, en estos tiempos que corren de frivolidades y donde se valora más la habilidad que la inteligencia, ese rigor sin dejarte llevar por el trabajo fácil».
Ejemplifica el proceso con su última obra que se presentará el 25 de noviembre en Lanzarote, coincidiendo con la Bienal de Canarias. Lo primero que hizo fue documentarse sobre las migraciones españolas y después concibió el proyecto que consistía en reproducir lo que está pasando con los cayucos. «Están constantemente llegando y son como señales de advertencia». Dispuso 250 retratos de senegaleses distribuidos por el terreno que sube a un castillo, expresando así, la conquista.