En el antiguo Bachillerato, a la malaria la llamaban paludismo. Es una de sus manifestaciones. Nos hacía gracia el mosquito anopheles, que podría parecer el nombre de un filósofo griego y resultaba simpático como apodo. Bendita ignorancia. La malaria ocasiona dos millones de muertes anuales, de las cuales un 50% se produce entre la población infantil menor de cinco años. El cálculo es que en 2010, la mitad de los habitantes del planeta viva en situación de riesgo ante esta patología. Noventa países que no incluyen al sector del mundo privilegiado, aunque los flujos migratorios podrían modificar esa previsión.
Afortunadamente, hay estudiantes de Bachillerato que terminan siendo eminentes científicos y no pierden el tiempo buscándole cinco patas al infecto insecto. La vacuna contra la malaria que investiga Pedro Alonso está en la línea de los trabajos clínicos que aspiran a curar en salud, mientras que la mayoría de la clase sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.
La Fundación de Bill y Melinda Gates también es aplicada. Ahora sólo falta que repasen la asignatura los Gobiernos. Se puede empezar por la Geografía Humana.