Un gran guión firmado por Peter Morgan, una buena dirección de Stephen Frears y sobre todo la magistral interpretación de Helen Mirren conforman los elementos clave de 'La Reina', película en la que se retratan los tumultuosos días que vivió la familia real y el gobierno británico tras la muerte de Diana de Gales. Con humor y acidez, Frears refleja cómo la soberana se encerró en Balmoral sin ser capaz de ver que el pueblo le exigía un funeral de estado. La otra cara de la moneda la pone un carismático Tony Blair, recién llegado al poder, que se gana la simpatía de los británicos defendiendo el carácter popular de Diana.
La película, entretenida y a veces feroz, muestra la vida más privada de la reina. Se mete en la cocina, el cuarto de estar y hasta en el lecho real. Isabel II aparece antipática, fría... Es una mujer perdida en los nuevos tiempos, pero que evoluciona ante acontecimientos y presiones. La puesta de escena es tan creíble que el espectador se olvida que es ficción. Mención especial merecen los intérpretes. Helen Mirren es una de las grandes, que deja patente su maestría en una Isabel II cuyo parecido va mucho más allá de la peluca. Michael Sheen, como el joven Blair no le anda a la zaga, y no se puede olvidar al espléndido James Cromwell de príncipe Philip.