EN Valencia se ha celebrado el Festival de Cine Mediterráneo, ignoro si estas son sus señas de identidad correctas. Para sus partidarios -entre los que me cuento- y para los valencianos es la 'Mostra' sencillamente. La Mostra, ya sin comillas, es uno de los motivos favoritos de la alcaldesa Rita Barberá, política, pero política municipal, política de su pueblo, valenciana hasta el tuétano de sus huesos. La Mostra es un bonito juguete pintado de colores, un juguete que huele a mar y que va y viene, sin pilas y sin cuerda, desde el Estrecho de Gibraltar al Bósforo: el Mare Nostrum de Blasco Ibáñez, el cine de Luis Berlanga, la luz de los pintores Sorolla y Pla.
Ya sé que en nuestras tierras hay muchos festivales de cine, grandes y chicos, ambiciosos y humildes, pero este tiene un olor especial, porque nos trae afanes de países ribereños, que casi nunca han tenido la fortuna de enseñar sus películas más allá del último faro que alumbra sus costas.
Hemos visto películas de Albania, Argelia, Croacia, Eslovenia, Grecia, Israel, Serbia, Siria y Túnez. La mayor parte de estos países -a excepción de Francia, España y la ausente Italia- tienen cinematografías modestas, humildes y, en algún caso entrañablemente pobres. Por las pantallas de la Mostra han pasado actores de nombre desconocido y difícil de pronunciar: Farida Ouchani, Ivo Gregurevic, Musevki, Uri Gabriel, Luhan Jaha, Salma Baccar También directores, músicos y fotógrafos. Ya sé que es duro dedicar un montón de horas a ver películas en idiomas desconocidos, algunas ingenuas e incluso afectadas, pero Existe un premio: en todas ellas hay algo que descubrir. Y, si se hurga con paciencia, puede aparecer una joyita, que nunca jamás pasará a las pantallas comerciales de nuestro país.
Yo encontré la titulada 'Magic eye', de Albania. En primer lugar descubrimos una tierra desconocida, al menos para mí, una forma de rodar inesperada y una hermosa e inquietante imagen, que firman seis fotógrafos. Recuerdo los viejos pasaportes que usábamos en España: válido para todo el mundo, excepto Iniciaba el desfile de prohibiciones Albania, el país más pobre, el más duro. En 'Magic eye' surge un territorio fantasmal y terrible. Tierras desoladas, barcos hundidos, trenes descarrilados hace muchos años, pobreza, pasado. Hay también una idea, una interpretación y un texto.
Gracias a la Mostra podemos testificar que cine no es sólo el que nos llega de Estados Unidos, ni siquiera el que producimos en casa. Y confirmamos que Valencia es una hermosa ciudad, que estaba de espaldas al mar Mediterráneo y ahora lo tiene de frente.