Relata la historia de las ondas electromagnéticas, imprescindibles en un mundo inimaginable sin móviles ni televisión, como ejemplo de cómo la Universidad inventa cada día el mundo. Eso ocurrió en el pasado, pero aún quedan inventores por llegar a unas aulas que no sólo deben servir para formar alumnos. Lo dice el asturiano Antonio Fernández-Rañada, presidente de la Sociedad Española de Física entre un sinfín de cargos, que ayer bajó a otras aulas, las del instituto Jovellanos, para hablar ante los más jóvenes de la institución académica que un día les recibirá. Participó en las II Jornadas Jovellanos de Divulgación Científica, que hoy concluyen con la conferencia de Cayetano López Martínez.
-El título de su conferencia es 'La universidad, inventora del futuro'. ¿Hay cierto resquemor quizá porque no se aprecia suficientemente ese papel?
-Yo no lo llamaría resquemor, simplemente me gustaría llamar la atención sobre lo siguiente: en España, cuando se habla de universidad, se habla de un lugar donde van los jóvenes, se les enseña, se les da un título y luego se colocan. Y eso está muy bien, pero también hay otras cosas que son necesarias.
-Como por ejemplo.
-Estamos en una cultura que está evolucionando constantemente, está usando ideas nuevas que luchan entre sí unas con otras -igual que en la evolución de las especies- y muchas de estas nuevas formas de entender la vida y el mundo surgen a lo largo de la historia en la universidad. Por tanto, no basta con que a unos jóvenes se les den unos cursos, aprendan unas técnicas... Eso es obligatorio. Pero hace falta algo más importante. El nombre de inventora del futuro hace referencia a esta capacidad que tiene la universidad de lanzar ideas nuevas que, en general, son beneficiosas, y que pueden venir desde la ciencia, desde el pensamiento filosófico, desde la ética...
-La universidad inventa el futuro, pero ¿debemos inventar una nueva universidad para el futuro?
-Lo que tenemos es que organizar la universidad de tal forma que cumpla esa función, que, por otra parte, sí cumplen bastante bien esos países a los que queremos parecernos.
-Y en esos países hay una relación más estrecha que en España entre universidad y empresa. ¿Es el gran problema?
-Efectivamente, en España eso está sin resolver y por varias razones. En primer lugar porque universidad y empresas hablan idiomas distintos, pero también porque los políticos no quieren que se haga eso porque algunas voces entienden que quieren vender la universidad. Y no es así. La universidad tiene un sinfín de conocimientos básicos que son susceptibles de aplicación, y en todo el mundo la institución académica tiene alrededor una cadena de empresas que están utilizando estas ideas. Pues eso en España no funciona y yo creo que es un problema para el futuro de el país.
-¿El modelo a copiar es el americano?
-Quizá la palabra no sea copiar, pero sí hay que darse cuenta de que hoy en día hay que hacer algo para que la universidad y la empresa se acerquen más. Hay ejemplos muy buenos en España, pero el problema es que estamos por debajo del nivel crítico. Hay que estimularlo. Y eso se puede hacer en terrenos variadísimos. La porcelana es un ejemplo.
-¿ ?
-En Castellón existe un Instituto de Tecnología Cerámica. Allí hay una enorme cantidad de empresas que hace ya algunos años se dieron cuenta de que tenían que mejorar; eran compañías pequeñas, que cada una por su lado no tienen capacidad para montar un laboratorio de innovación. Hicieron una asociación y, entre todas y con la universidad, constituyeron un instituto donde se reúnen técnicos de estas empresas con químicos para desarrollar mejores métodos. El éxito ha venido porque han descubierto unos nuevos procedimientos para cocer materiales que permiten hacerlo en mucho menos tiempo y con mejores resultados. Esto es un ejemplo entre muchísimos. Pero el problema es que en España hay muchos recelos entre las dos partes, incluso la situación yo diría que en los últimos años se está incluso deteriorando.
-La ciencia se encuentra continuamente con barreras éticas que hay que romper. ¿Es también misión de la universidad hacerlo?
-Sí, es una de sus funciones más importantes. Hoy en día uno de los grandes problemas de la humanidad es adaptar la reflexión ética a las nuevas tecnologías y, para ello, el lugar natural es la universidad, lo mismo que sucede con la crítica a las ideas políticas. El papel de la universidad es estar en continuo movimiento.