«Estaba borracho y no recuerdo nada de lo que sucedió». D. A. G. G., el colombiano menor de edad que en la madrugada del pasado miércoles atropelló de muerte al entrenador Pablo González en la calle de Juan Alvargonzález, parece no ser consciente del fatal desenlace de su última noche de juerga por Gijón. «Estuve de copas con unos amigos y me dejaron la furgoneta para dar una vuelta; no la robé como han dicho», se justifica.
Ayer, el joven, que el próximo 5 de diciembre cumplirá la mayoría de edad, recibió a EL COMERCIO en su habitación del Hospital Central de Asturias, horas después de ser trasladado a planta desde la Unidad de Vigilancia Intensiva (UVI), donde ingresó con un severo traumatismo torácico y policontusiones, poco después del accidente. Lleva un aparatoso collarín que le impide hablar con facilidad y que no le deja borrar de su mente los recuerdos difusos de una noche de alcohol, amigos y velocidad.
«Sé conducir»
Según la versión del joven colombiano, «no era la primera vez que conducía esa misma furgoneta». El resto de conducciones se saldaron con mejor suerte. «No tengo carné, pero sé conducir», añade.
El acompañante del menor en el momento de siniestro, el etíope Muguleta L. F., de 39 años, «era amigo de ellas, yo apenas lo conocía». El colombiano se refiere a las dos mujeres con las que presuntamente salió de copas el martes por la noche, con las que mantenía «una relación de amistad. Las conocí hace meses en un restaurante de comida turca donde nos reuníamos; solíamos salir a tomar algo. Desde que estoy en el hospital no me han venido a ver», afirma.
D. A. G. G. vive en La Felguera. No trabaja ni estudia. Llegó de Armenia (en el distrito colombiano de Quindio) hace poco menos de dos años para reencontrarse con su madre, que emigró a España hace siete. Reside con ella y con un hermano en Langreo. Los dos, junto a otros familiares, lo visitan a diario en el Hospital Central. «Tengo bastantes dolores en las costillas y en el cuello, estoy esperando a que me hagan más pruebas la próxima semana para que me digan cuándo me puedo ir a casa», dice.
Además de las visitas familiares, D. A. G. G. recibió ayer la de la Policía, según él mismo asegura. «Ya les dije que no recuerdo nada; ya lo he dicho, que estaba borracho y no me acuerdo de nada del accidente», insiste. El menor -que conducía sin carnet- quedó inconsciente tras el brutal impacto. Esta circunstancia, y la falta de una orden judicial, necesaria en función de su edad, evitaron que se le practicara un test de alcoholemia en el momento en el que se produjeron los hechos. Ahora sólo vale su palabra. D. A G. G. se enfrenta a los delitos de imprudencia grave con resultado de muerte. El asunto está siendo llevado por la Fiscalía de Menores.
«No lo conocía»
Permanece, no obstante, callado cuando se le pregunta si es consciente de que arrolló de muerte a un peatón y sólo acierta a pronunciar: «No lo conocía de nada», en alusión al entrenador de fútbol del Codema, cuyo multitudinario funeral se celebró el pasado jueves en la iglesia de San Pablo, en el Polígono de Pumarín. Se queda en silencio y baja la mirada.
D. A. G. G. frecuentaba la noche gijonesa. «Voy alguna vez por la noche porque conozco a gente allí», dice. Algunas de esas amistades las hizo «en un sitio de 'kebabs' donde nos juntábamos unos cuantos». No especifica la ubicación del local. «No lo sé, no conozco bien Gijón», se excusa. Según consta en el atestado policial levantado tras el accidente, el menor y el etíope, acompañados por dos mujeres, estuvieron tomando copas en un bar de la avenida de Gaspar García Laviana momentos antes de que se produjese el siniestro.