El proyecto que subyace detrás del establecimiento de un hórreo patrón asturiano no es tanto la recuperación del pasado como la proyección del futuro. El mismo Xosé Nel Navarro señala que «tenemos que contemplar el hórreo más allá del punto de vista patrimonial, e incluso del cultural, para recuperarlo e integrarlo en la sociedad industrial, en la que es más importante el icono que la realidad misma. Nadie va ya a fabricar nada. Vivimos de intangibles. Holanda, de sus molinos de viento y Asturias, de unos osos que nunca ha visto nadie».
Y el hórreo, en la tasación personal de Navarro, forma parte del icónico trébol de cuatro hojas asturiano, completado con la Cruz de la Victoria, la sidra y la Santina. «Tenemos que ponerlo en valor, porque sólo así tendrá rendimiento para Asturias. La fuerza económica que proporciona el hórreo que aparece en todos los medios de comunicación cada vez que la princesa Letizia viene a Asturias es innegable. Y si cuando llegas a Punta Cana te encuentras una choza típica en el aeropuerto, ¿por qué no puedes encontrarte un hórreo en el aeropuerto de Asturias?».
En esa línea sugiere el empresario del sector la proyección arquitectónica y turística del hórreo «como herramienta de primer orden. Por ejemplo, en el Camino de Santiago. Se podría trabajar con vistas al próximo Año Jacobeo, en el que se puede utilizar el hórreo como referencia y, opcionalmente, como alojamiento. Sé que es difícil poner de acuerdo a los propietarios, la Administración y el propio Camino, pero sería posible y, como se dice ahora, muy vendible».
Hay dos aspectos en los que Xosé Nel Navarro es especialmente contundente y ambos tienen que ver con la viabilidad. El primero de ellos es que «el mercado es la única salvación del hórreo. No va a haber otra y si no ponemos los medios para evitarlo, en 2021 será un elemento residual. Ahora es el momento de la reflexión, el momento histórico, pero para poner algo en valor tiene que valorarse. Como sucedió con la sidra, que no hace mucho tiempo los propios lagareros mantenían que se estropeaba al pasar Pajares y ahora entra en el mercado nacional. El mercado es la única solución de futuro para el hórreo, pero si no va a tener utilidad, nadie se va a comprometer con ello».
El otro aspecto es el de la financiación. «Hay que superar la actual política de subvenciones. No se pueden salvar todos los hórreos. Si no tiene una utilidad y no se le encuentra, no se debe invertir dinero en él», sentencia, antes de vislumbrar presencia «urbana» a la construcción asturiana por excelencia. Y le destina reuniones empresariales, gastronómicas o familiares. Cualquiera, hasta de biblioteca, menos el de primera vivienda. Eso le cambiaría el valor.