En lo que puede ser su última conferencia como secretario de Defensa, Donald Rumsfeld sintonizó con George W. Bush al admitir que las operaciones en Irak no han salido «lo suficientemente bien o lo suficientemente rápido». El defenestrado jefe del Pentágono, arquitecto de la invasión al país del golfo Pérsico, se sinceraba en la Universidad de Kansas, su estado natal, a la misma hora que el presidente se reunía con los líderes demócratas en la Casa Blanca para diseñar la nueva estrategia de gobierno, que debe traer consigo un nuevo rumbo en la invasión.
Rumsfeld insistió en que «está muy claro que las principales operaciones de combate fueron un éxito enorme», en referencia a las tres semanas que duró la toma de Irak, antes de admitir que también «está claro que la segunda fase de esto no ha ido lo suficientemente bien o rápido». Entre las razones esgrimió a un enemigo «con cerebro» en constante adaptación a las técnicas estadounidenses y, «honestamente, nuestro país no tiene experiencia en intentar imponer el control y nuestra voluntad sobre extremistas violentos y depravados que no tienen ejércitos, no tienen marina, no tienen fuerzas aéreas y operan en la sombra. Es una circunstancia totalmente distinta».
Paciencia
La coincidencia de su discurso con el decimoséptimo aniversario de la caída del muro de Berlín le dio la oportunidad de comparar la guerra fría con la actual, con un poco de nostalgia por el apoyo del pueblo americano a la lucha contra la Unión Soviética. Entonces Estados Unidos demostró «cincuenta años de perseverancia», recordó. «Esto, como en la guerra fría, requiere algo de paciencia, de perseverancia, de determinación y de contexto (...) que si lo tenemos terminaremos viendo al pueblo iraquí tomar el control».
En realidad, sus críticos consideran que perdió la guerra en esa primera fase que considera un éxito, por no haber invertido más hombres en la invasión, lo que obligó a dejar atrás bolsas de resistencia. Su decisión de desmantelar el Ejército iraquí y la Guardia Nacional, cuyas fuerzas nutrieron a la guerrilla, así como permitir el caos y los saqueos, abonaron el terreno.
Rumsfeld también ha sido acusado de no aceptar los consejos de los generales, a los que se devuelve relevancia con su dimisión. «Tenemos que hacer un buen examen de conciencia y ver qué es lo que funciona y lo que no, cuáles son los impedimentos para avanzar y qué debemos cambiar para asegurarnos de que logramos el objetivo que nos propusimos», dijo ayer el jefe del Estado Mayor, general Peter Pace.
Tres mil bajas
Los cerca de 3.000 soldados americanos y 150.000 civiles muertos en Irak en tres años y medio han convencido incluso a Bush, que hace un mes se declaró insatisfecho con los resultados, de que Irak no va por buen camino. El nuevo rumbo saldrá de las propuestas que haga en las próximas semanas la comisión bipartidista que dirige el ex secretario de estado James Baker y el ex congresista demócrata Lee Hamilton, así como de la presión de los demócratas.
Entre las opciones que se barajan está la de retirarse a un país vecino como Kuwait con fuerzas de acción rápida para apoyar a las tropas iraquíes. Algunos congresistas sugieren acelerar el entrenamiento de las tropas iraquíes y presionar a ese Gobierno con un calendario de retirada para que tome el control más rápidamente. Otros, como el republicano John McCain, creen que la solución es justamente la contraria: reforzar el número de tropas norteamericanas para aplastar a la insurgencia.