-¿Cree que el siglo XXI arrancó el 11-S? ¿Qué papel juega hoy el miedo en la política contemporánea?
-Sin ninguna duda, creo que es una de las consecuencias del 11 de septiembre. El miedo ha pasado a ser un factor central de la vida política, no sólo de EE UU sino de todo Occidente. Creo que por otra parte ese miedo está justificado, porque hay una realidad. Hoy día el extremismo tiene una capacidad de destrucción que en gran parte se debe a la fantástica evolución de la tecnología de las armas, que además se han puesto al alcance de muchas organizaciones terroristas motivadas y con recursos, como es el caso de Al-Qaida.
-¿La situación es preocupante?
-Eso ha generado una inseguridad que antes no existía, lo que es perfectamente comprensible. Lo malo es que el miedo muchas veces nos lleva a actuar con irresponsabilidad, nos precipita a actuar de manera irracional, y eso es lo que hay que impedir. Pero que vivimos en un mundo muy inestable, muy inseguro, en el que lo ocurrido el 11 de septiembre en Nueva York y el 11 de marzo en Madrid se puede repetir, es indudable, y sería una ingenuidad pensar que esa batalla está ganada.