Reconocibles, y al mismo tiempo originales, las instantáneas de Chema Madoz, Premio Nacional de Fotografía en 2000, enfocan el objeto y lo 'desenfocan' con un interés: «Poner en solfa el concepto de realidad, una idea que todos entendemos de una forma un tanto plana y que estas imágenes hacen más frágil», explica el propio autor que ayer participó en los Encuentros Fotográficos de Gijón. Y todo a partir de un lenguaje reducido a la mínima expresión y sencillo para quien lo observa, no para quien lo crea. «No hay fórmulas, es un proceso complicado. Las imágenes responden a un momento y a una sensación concretos».
Su trabajo ha pasado por diferentes estadios. Primero, los objetos eran fotografiados en su propio entorno en un intento de «hacer dudar al espectador» si ese elemento había sido previamente manipulado o respondía simplemente a algo que Madoz se había encontrado. Con el paso del tiempo, los escenarios «ganan en neutralidad», su presencia es menos evidente y el objeto gana en importancia y en «presencia física» llegando a ser casi una escultura o un dibujo, «presentando el concepto de forma desnuda y descarnada».
Y ahí entra en juego el uso del blanco y el negro, que refuerza esas ideas y «me hace jugar con los mínimos elementos posibles», añade. La decisión supone limitar la paleta de colores, reduce las posibilidades y «ayuda a unificar y a crear vínculos» entre las imágenes. Por otro lado, el blanco y negro «se asocian mucho más a la imaginación», lo que redunda en el distanciamiento con la realidad.
Con un premio importante bajo el brazo, Madoz asegura que «lo lógico es olvidarte de ello en unos días, aunque al principio sea un espaldarazo. Cuando tomas imágenes, lo que quieres es seguir sorprendiéndote a ti mismo».