Sábado, 11 de noviembre de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA

LA MIRADA CRÍTICA
Un nuevo arte social
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Durante una entrevista que concedió cuando dirigió la Bienal de Venecia, Harald Szeemann disertaba acerca de la globalización en el arte actual, de sus ventajas, sus desventajas, sus muchas virtudes y sus evidentes defectos. El polifacético creador de la 'Kunsthalle' hacía un interesante resumen del universo artístico.

Szeemann decía que, si bien en los sesenta fue imprescindible comprobar cómo pensaban los artistas, cómo analizaban y como expresaban sus análisis, ahora resulta mucho más atractivo filtrar el arte directamente hacia la sociedad. De ahí que obra y espacio sean una misma cosa y que el análisis de esos espacios por parte del creador sea fundamental. El llamado arte público, el arte objetual, el arte conceptual y todas las disciplinas que sucedieron a aquellos movimientos continúan proyectando esas reflexiones, ésto es, obligando al artista a 'colaborar' en la difusión y la explicación de su propio trabajo.

En Asturias, donde hay varios proyectos destinados a crear centros de arte actual, este debate cobra especial vigencia. No en vano, una de las premisas fundamentales del arte de hoy y de los espacios destinados a mostrarlo es defender su propia temporalidad, presentando tesis acerca del momento y la época que vivimos. Así, la defensa de medios de difusión debe tener en cuenta esa circunstancia. Un centro de arte actual debe apostar por los talleres y las muestras temporales, por encima de otras necesidades que existen, no obstante, y tampoco pueden descartarse, como la museología o la documentación.

No comparto algunas actuaciones de Szeemann, pero me interesa su férrea defensa del museo como destino para la temporalidad, o sea, de la organización de exposiciones de 'tesis' como germen de nuevas ideas. Ese arte 'social' que él defendía a finales de los sesenta y principios de los setenta, es hoy una realidad a tener muy en cuenta. Szeemann preparó varias exposiciones históricas, como 'Wenn die Aktituden Form werden' y otras muchas, por ejemplo, sobre Beuys, Serra y los artistas 'póvera'. Al margen de sus características individuales o colectivas, aquellos autores controlaban la presentación, difusión y explicación de las obras. «Después llegó la pintura», decía Szeemann, irónicamente. «Más tarde, otra nueva generación que utilizó el cinismo como estrategia». Pero esa es otra historia.

 
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