Sábado, 11 de noviembre de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA

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Raíz y fruto
Isaac Turienzo, junto a Tino di Geraldo y Miguel Ángel Chastang, vistieron con música nueva el cancionero asturiano en el Festival de Jazz de Gijón
Raíz y fruto
AL PIANO. El músico asturiano, en plena actuación, anoche en el Jovellanos. / PAÑEDA
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Nos recordaban ayer que hace tres años titulamos una crónica musical tras escuchar dichosamente a Isaac Turienzo, como 'Profeta en su tierra'. Era en el Festival de Jazz de Oviedo y el éxito del músico gijonés criado en Avilés, resultó conmovedor. En la velada del Jovellanos, ese titular sería doblemente merecido, pues en esta ocasión Turienzo presentaba su último disco, en el que la tierra asturiana adquiere sentido pleno. 'Jazz de raíz' es lo que nos muestra la portada de esta producción discográfica. Y el contenido, viene a corroborarlo por completo.

En aquella ocasión anterior, Turienzo ocupaba en solitario el escenario. Y lo colmaba. En esta tercera jornada del Festival de Jazz de Gijón, ha venido acompañado de otros dos músicos ilustres, el contrabajo Miguel Ángel Chastang y el batería Tino di Geraldo. Y la fiesta de la asturianía mediada por la inspiración jazzística del trío, que también tuvo tiempo para alegrías del Sur y un 'Fado por bulerías', resultó rebosante de creatividad.

Tal vez esa sea la condición más apreciable de Isaac Turienzo, el espíritu creativo que no descansa, al que une las virtudes de una técnica impecable al servicio de la inspiración.

Quienes algunas veces hemos compartido palco con él en audiciones musicales, podemos dejar constancia de que la música es su estado natural, que la disfruta como nadie. Y de ahí le ha de venir el talento que despliega cuando pasa del palco a la tarima.

Arrancaron con 'Santa Bárbara bendita'. Y en esa pieza ya se pudo certificar lo que el mismo Turienzo había declarado estos días a EL COMERCIO, que el jazz no puede ser para los puristas, porque, sobre todo, es fusión.

Partiendo de la melodía tradicional, Turienzo inventa y saca nueva agua del pozo, consiguiendo temblor y hondura.

Por instantes, el jazz es genuino; en otros, se hace raíz de la tierrina; en los momentos más transitivos, indaga, busca su razón de ser y nos muestra caminos que no habían sido recorridos. Música que va del retrato a la vanguardia sin que se pierda nada en el sendero.

Continuaron con 'Campanines de mi aldea', de Falo Moro. Y no se olvidaron de Montoliú, 'Balada para Tete', el pianista prodigioso que tanto ha admirado Turienzo.

Entre el público que admira a Isaac, pudimos ver a Jorge, de 'Ilegales' o a Alberto Toyos.

Dice un refrán judío, que siendo importantes las raíces, los frutos crecen en las ramas. El genio del pianista asturiano logra conciliar las dos partes del árbol.

 
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