Hace 14 años, Víctor Otero y Javier Cuesta, coleccionistas de coches en miniatura, llegaron a la conclusión de que si querían tener réplicas de antiguos camiones y autobuses españoles tendrían que hacerlos ellos mismos. Ahora, desde su pequeño taller en Gijón, sus maquetas se venden en todos los rincones del mundo. «Principalmente en España, Alemania e Inglaterra, pero puntualmente recibimos pedidos de China, Japón, Estados Unidos, Australia...», enumeran los artesanos de la empresa Modeltrans.
De sus manos nacen unas 30 piezas al mes, totalmente exclusivas y únicas. Sólo cuentan para ello con la ayuda de Jaime Zayas, el tercero de los que trabajan en la empresa asturiana. Todas sus creaciones llevan número de serie y, una vez cesan de fabricarlas, nunca vuelven a reeditar el mismo modelo. Así lo garantizan a sus clientes y así lo han hecho siempre. Como máximo, 300 piezas de cada uno. En ocasiones, bastantes menos. Quizás por eso los coleccionistas aprecian especialmente sus creaciones. Además de un detalle exquisito en las reproducciones, su escasez hace que, en ocasiones, estos minivehículos se conviertan en pequeños tesoros a escala.
Y es que, aunque ellos suelen mantener sus precios de venta a los distribuidores (los cuales se sitúan entre los 200 y los 300 euros para el comprador), a veces se pagan verdaderas fortunas por sus vehículos. Entre los más buscados, un autobús Setra Seida S-14 de 1965, por el que un coleccionista puede llegar a abonar hasta 3.000 euros. «De ese modelo sólo hicimos 180 piezas, porque se nos rompió el molde original y decidimos no hacer otro nuevo. Además, 80 se fueron a Alemania. Por eso, es muy difícil encontrarlos en España», explica Otero.
Javier y Víctor, ahora socios, se conocen desde pequeños. Ya de entonces compartían su afición por las maquetas de vehículos. «Siempre sentimos pasión por los camiones y autobuses que circulaban por las carreteras». Sus creaciones, siempre a escala 1/43 (poco más de una palma de la mano), están hechas con resina de poliuretano, metal y neumáticos de resina elástica. Los parabrisas son de PVC. Además de modelos totalmente montados y pintados, también ofrecen la posibilidad de adquirir 'kits' para armar. «A algunos lo que les apasiona es montar los vehículos y personalizarlos a su manera», afirma Otero.
18 modelos
En su catálogo de piezas artesanales tienen actualmente 18 modelos. Otras 'joyas' están ya descatalogadas, al haber sido agotadas las ediciones. Se trata de 8 autobuses, 20 camiones y 4 vehículos de bomberos que sólo se pueden encontrar en manos de coleccionistas. Desde el Leyland Royal Tiger de 1959, el primero que hicieron, al Barreiros Saeta 35 que repartía butano, su última creación (que está apunto de salir al mercado). «Normalmente guardamos uno en el taller, el último de cada tirada», reconocen. También en sus casas, como buenos aficionados, tienen guardadas algunas de sus obras. «Ni siquiera las tenemos todas», comentan divertidos.
En una vitrina de su almacén, en el gijonés barrio de El Llano, se pueden ver maquetas de los viejos autobuses que recorrían las calles de Gijón por los años cincuenta y sesenta.
El Pegaso Z-404 de 1956, de media cabina; el Pegaso 5020 con carrocería Seida de 1961... Réplicas exactas de aquellos vehículos provistas de la misma matrícula que los originales, su misma publicidad, su número de ruta...Si se les pregunta por su maqueta soñada, la que les gustaría hacer y no han podido, Otero confiesa que hace tiempo que tienen en mente hacer el Pegaso 6035, otro bus urbano que en su día recorrió las calles gijonesas. «Quizás lo hagamos algún día», aventuran.