Ayer fue uno de esos pocos días en que los ciclistas de la ciudad pudieron dar un paseo por el centro gijonés mirando de frente a los coches. La unión hace la fuerza y pocos conductores se atrevieron a pitar o increpar a los más de trescientos participantes de la marcha 'Con bici: sin CO2', que, durante algo más de media hora camparon a sus anchas por los Jardines de la Reina, la calle de Instituto, Jovellanos, Capua, Eladio Carreño, Menéndez Pelayo y las avenidas de Carlos Marx y Juan Carlos I, entre otras vías. Todas ellas estaban dentro de la ruta de cinco kilómetros que las asociaciones Tronchacadenas y Asturias Pedalea idearon para calcular la cantidad de dióxido de carbono que puede ahorrarse gracias a los vehículos sin motor. Y fueron, más o menos, 306 kilogramos: 1,04 por cada uno de los 294 ciclistas inscritos en la marcha.
Pero en verdad, el ahorro real fue muy superior, ya que muchos de los que después pedalearon durante el recorrido no llegaron a estar inscritos. Juan Sevilla, uno de los deportistas sin contabilizar, explicó que «nadie esperaba tal afluencia de gente. Yo vengo para hacer bulto, pero prefiero no esperar la cola para apuntarme. Los de la organización no dan a basto».
Por eso, la marcha se retrasó unos minutos. Pero una vez que dieron la salida, todo transcurrió sin ningún sobresalto. Para pasar un rato con los nietos, para ir al trabajo o para estar sano. Todos y cada uno de los que asistieron ayer a la convocatoria en los Jardines de la Reina tenían su propia razón para subirse al velocípedo.
Ildefonso Cabero, de 65 años, dio muestra de ello: «Queremos que la alcaldesa construya la continuación de los carriles bici, porque ahora sólo hay cachinos que no valen nada. Este deporte es lo más sano que hay y no agrede a nadie». «¿Y sirve para bajar grasa!», completó su amigo, Eleodoro Zaragoza, de 78 años, «retirado por silicosis hace la tira de años y en plena forma gracias a las dos ruedas».
Otros no tenían tanta experiencia. Sólo hace tres meses desde que Nuria, de cuatro años, quitó de su pequeña bici las ruedas de apoyo, pero estaba convencida de que «aguantaré todo el rato». Igual de convencido estaba Rodrigo Prendes, de 9 años, junto a su abuelo, José María Fernández: «Él es el que siempre me lleva a andar en bici», apuntaba el niño. «Es una buena oportunidad para pasar tiempo juntos y, además, haciendo algo sano para los dos», completó el hombre.
«Estas piernas han recorrido más de 3.000 kilómetros en bici. Sólo este año, llevo unos 12.000», dijo orgulloso Francisco Díaz, de 73 años, para quien «este medio de transporte es todo. Gracias a él, estoy en la forma en la que estoy. Incluso competí en carreras durante tres años y no llegué arriba, pero rodé con los mejores».
«No sólo para el ocio»
Pero los habituales de este deporte no fueron los únicos que se animaron a hacer el recorrido. José María Pérez, concejal de Promoción Económica y Turismo, y Pedro Sanjurjo, teniente alcalde de la ciudad, participaron en la marcha en representación del Consistorio.
Este último, informó de su intención de «promocionar la bici como sistema de transporte y no sólo de ocio. Por eso, el Ayuntamiento va a adquirir 500 para ponerlas a disposición de las entidades públicas y privadas que lo deseen».
Respecto a una de las principales peticiones del colectivo, más carriles exclusivos, Sanjurjo aseguró que «se pondrán en las nuevas zonas residenciales. Hay otros sitios en los que no se pueden construir, por lo que habrá que optar por compartir espacios con los coches y los peatones».
No todos aceptaron las declaraciones de los responsables municipales. Al grito de «Morales, baja y da pedales», se mantuvieron firmes en sus exigencias. En algo sí hubo unanimidad: todos aplaudieron y se alzaron en vítores cuando la organización anunció que, mientras que Gijón había contabilizado 294 asistentes, «Oviedo, que junto a otras 27 ciudades españolas también realizó la marcha, sólo registró 206 participantes».