Si 205 personas eligen la bicicleta en lugar del coche para moverse por la ciudad durante una hora, se dejan de emitir 213,20 kilos de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera. Es el cálculo que realizó ayer la Coordinadora en Defensa de la Bici ConBici tras la celebración de la 'Bicicletada', una cita simultánea sobre dos ruedas que se celebró en 28 ciudades de España y reunió a un total de 12.664 participantes, 205 en Oviedo.
La idea era «pedalear contra el cambio climático», explicó Lluis Toyos, presidente regional de la asociación. Pero también se aprovechó la reunión para pedir cosas más cercanas, del día a día. Toyos adelantó lo que podría traducirse en breve en una buena noticia para los aficionados al manillar: «Presentamos un proyecto y el Ayuntamiento está estudiando que en toda la zona peatonal, por la que no se puede circular, se permita el tráfico de bicicletas».
Sostiene que la idea «ha tenido una buena acogida». Pero para algunos no es suficiente. Las críticas al Consistorio se repitieron entre los asistentes a la convocatoria. Ramón Blanco, de Los Berrones, aprovechó para explicar que en Suiza «hay carriles y aparcamientos de bicicleta» y censuró «al que desvió todo el tráfico de Azcárraga». Enrique García, de Teatinos y 'bicicletero' «desde los 15 meses», señaló que ahora, con 55 años, «andar en bici por Oviedo es asqueroso, porque el alcalde ensancha las aceras para poner las terrazas de los bares, que dan dinero, y no se preocupa por nosotros, que con un metro de carril ya nos vale...».
Toyos opinó que el carril bici no es suficiente. Cree que deberían hacerse «vías ciclistas de todo tipo, sobre todo en la zona de los campus». Es posible, aseguró. «Si en San Sebastián, que son todo cuestas, las hay, ¿por qué aquí no?». Porque las empinadas subidas y bajadas de Oviedo no amedrentan a los aficionados como Pelayo Labrador Fernández, de 7 años. Equipado con su casco de Mickey Mouse, el niño decía: «Yo las cuestas las subo en primera, no pasa nada».
Su padre, Jesús, señalaba que «en La Corredoria hay zonas por las que los niños pueden ir en bici, pero en Oviedo...». Esos puntos suspensivos se traducen en dos problemas: el tráfico excesivo, que produce una sensación de inseguridad, y las mentadas cuestas. Para el primero, se impone una reordenación del tráfico. Para el segundo, «lo ideal sería que el Ayuntamiento subvencionara este tipo de bicicletas, o que las alquilara, porque cuando te cuesta, sigues dando pedal y conectas el motor, y llegas al trabajo sin sudar una gota», explicó Miguel Ángel Gómez señalando su Yamaha con motor a batería.
Trabaja en la calle Uría, en la Agencia Regional de Sanidad Ambiental y predica con el ejemplo. «Hasta a las inspecciones voy en bici». Se pone el traje y monta en su bici, comprada en Londres hace seis años. Fernando Cabricano, de 32 años, también le ha puesto un motor a su bicicleta de tres ruedas con remolque, que le lleva por todo Oviedo.
«Desde hace 12 años uso la bici, pero la ciudad está un poco mal porque hay mucho tráfico y poco espacio, pero yo voy en ella a todas partes, en el centro y el extrarradio», comentó este hombre con discapacidad. Él usa tres ruedas, pero Francisco Subirana se mueve sobre una sola. Hace un año compró el monociclo que le acompaña a todas partes. «Al principio me miraban, pero ahora la gente se ha acostumbrado a mí. No contamina y es divertido», explica el joven de 23 años, que baja y sube «con cuidado» la cuesta del Campillín a San Lázaro todos los días en su monociclo.
Isabel Duarte y su marido Santiago, que lleva a Miriam de 3 años en el sillín trasero, también critican el tráfico: «La uso para trabajar -dice ella- pero las rotondas son horribles, deberían hacer un carril para nosotros».