Martes, 14 de noviembre de 2006
Registro Hemeroteca

en

GIJÓN

GIJÓN
El arzobispo media entre los feligreses de Pumarín y el ex párroco de San Miguel
«No queremos que el nuevo vicario también se marche por su culpa», dijeron al prelado Osoro les pidió «contención en sus actos»
El arzobispo media entre  los feligreses de Pumarín y  el ex párroco de San Miguel
PROTESTA. Niños con una pancarta que pedía la actuación del obispado, el día 5 de noviembre / E. C.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Una representación de los feligreses de San Miguel de Pumarín se reunió ayer con el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, para pedirle «que tome cartas en el asunto», en lo relativo a la marcha de su vicario, Hilario Valdés, «por culpa -según afirman- del ex párroco, que interfirió en su trabajo y le amargó hasta que decidió irse». Y lo hicieron en la reunión que Osoro celebra una vez al mes con los jóvenes gijoneses.

Se presentaron con pancartas de 'San Miguel no se callará' y '¿Qué puede más, el bien o el mal?' y lo que recibieron, en un primer momento, fue una buena reprimenda. A algunos de los asistentes a la reunión mensual no les gustó nada el carácter reivindicativo que estaba adquiriendo la cita y decidieron regañarles.

Sin embargo, ellos sabían muy bien cuál era su objetivo: querían ser escuchados por la máxima autoridad en la Iglesia asturiana y lo consiguieron. Un grupo de unas quince personas, pertenecientes a todas las ramas de la parroquia, pudieron presentar ante Don Carlos sus argumentos. Algo nerviosos, le explicaron que lo que pretenden «no es que el vicario vuelva, sino que al próximo sacerdote que llegue a San Miguel no le ocurra lo que a Valdés».

Osoro, por su parte, les recordó que el arzobispado no ha intervenido «para nada en el traslado del vicario a otra parroquia. Lo pidió el mismo». Al parecer, Valdés se reunió con Don Carlos antes de hacerlo, dándole un ultimátum -«O se va él o me voy yo»-, a lo que el arzobispo respondió que «no podía echar a nadie». Eso mismo les recordó a los feligreses, a quienes instó a «comportarse de otra forma. Acciones de este tipo -refiriéndose a sus actos de protesta- ridiculizan a la comunidad de la Iglesia. Agradezco que queráis tanto a Hilario y al actual párroco, Eduardo, pero me cuesta admitir este 'tinglao'».

Sin embargo, se comprometió a «seguir hablando con Don José, el ex párroco» y les dio la razón en muchos de sus argumentos. Pero, en su opinión, «es como si una familia cristiana quisiera echar de su casa a un anciano. ¿Os parecería bien? O como si un miembro de la familia decidiese irse al primer problema que se presentase».

«Las cosas claras»

Del mismo modo, les informó de que intentaría dejar «las cosas claras con el ex párroco, para que no interfiera tanto en la labor parroquial, pero hay que recordar que estamos hablando de uno de los fundadores de San Miguel».

«¿Cómo nos pide que sigamos luchando si por cada cosa que trabajamos él nos la echa abajo? No deja que la parroquia avance y funcione», le preguntaron los catequistas. «Se va a ir todo al garete y un señor con esa mentalidad tan retrógrada no tiene derecho a llevar la educación de mi hijo», protestó una de las madres.

«Paciencia» y «contención» fueron los consejos del arzobispo.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo